Las alarmas se encendieron. El paso de Ariel Ortega por el Nacional B terminó de forma abrupta y en el balance final resalta la parte negativa. Lejos de su mejor nivel, inconexo con sus compañeros dentro del campo de juego y apuntado por los hinchas como el principal responsable del mediocre desempeño colectivo, el jujeño decidió, de común acuerdo, rescindir el vinculo que lo unía con Independiente Rivadavia de Mendoza para replantearse su futuro.

Camilo Francka

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En estos casos la faceta deportiva queda en segundo plano. Se juega como se vive, de eso no hay dudas, por eso resulta delicado exigirle rendimientos superlativos cuando su déficit mayor pasa por no poder superar problemas personales, que van más allá de la pelota. Ortega no es feliz y eso, ineludiblemente, repercute cuando se calza los pantalones cortos. En silencio, pide ayuda a gritos.



La carrera del jugador es corta. El Burrito, con 35 años sobre el lomo, va gastando sus últimos cartuchos y, aunque parezca imposible rememorar sus épocas de gloria, resulta vital recuperar la esencia del ser humano. Ese debe ser el principal objetivo del cuerpo técnico y de los dirigentes de River, quienes deben relegar las urgencias futbolísticas para idear una estrategia efectiva que ayude a cumplir dicho fin. De lo contrario, pensar en qué posición puede desempeñarse, va a ser contraproducente; en el fondo, en vez de beneficiarlo, se lo estará perjudicando.



A Ortega hay que prepararlo psicológicamente, enfocando en la transición que se vive cuando se abandona la actividad. Ahí está la cuestión. Los hinchas de River, siendo Ariel uno de los ídolos máximos de la institución, nunca escatimarán reverencias, pero todo se regenera, aparecen nuevas figuras y los anteriores, si bien siempre están presentes en el recuerdo, “pierden” protagonismo. El intérprete lo siente, y si a eso le sumamos las dificultadas que todos conocemos, estamos hablando de una bomba de tiempo que hay que desactivar.



Para volver a ver el quiebre de cintura marca registrada, esos enganches, esas gambetas y esos goles, primero hay que restituirle la paz interior. La cabeza limpia que solo se dedique a entrenar. Esto supera cualquier camiseta, razón fundamentada en lo que significa Ortega para el deporte argentino. Todavía se puede. Depende, en gran medida, de su voluntad.



Palabras claves: Ariel Ortega

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