CHOCOLATE (2008). La historia es una excusa, literalmente, para las escenas de pelea. Escenas excitantes, vertiginosas, inverosímiles, creativas, por momentos sorprendentes.
Andrés Fevrier - Egresado TEA

CHOCOLATE (2008)
Dirección: Prachya Pinkaew.
Elenco: Jija Yanin, Hiroshi Abe, Pongpat Wachirabanjong.
País: Tailandia.
Duración: 90 minutos.
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Chocolate es una de artes marciales un poco al viejo estilo, como si Matrix y sus deudoras (El tigre y el dragón, Kung-fusión y una larga lista de etcéteras) jamás hubiesen existido.
La película transita todos los tópicos y lugares comunes del subgénero. Poco importa. Las peleas se van sucediendo, cada una -como si fueran niveles de un videojuego- más compleja que la anterior. Acción pura y dura sin dobles de riesgo que apuesta más a los trucos de montaje que a los digitales.
La cámara de Prachya Pinkaew y las coreografías de Panna Rittikrai no establecen un nuevo estándar, como plantean algunos. Marcan, sí, un regreso salvaje y cruento a la vieja escuela, como muestran las imágenes documentales del final. Una suma del Jackie Chan ochentoso, antes de su desembarco en Hollywood, con el
de principios de los noventa.
Aunque hablar de revolución me parece un despropósito, recomiendo para más datos la nota que Javier Alcácer escribió en
sobre la obra de Pinkaew. ■


