Que cualquier equipo del fútbol argentino le quiere ganar a Boca no es novedad hoy ni lo fue nunca. Basta ver cómo en los torneos locales un equipo de mediana categoría le hace partido y a la fecha siguiente cae vapuleado por otro de calidad inferior. Y hablamos de rivales que enfrentan al xeneize una vez cada seis meses.
Federico Rodríguez

Que cualquier equipo del fútbol argentino le quiere ganar a Boca no es novedad hoy ni lo fue nunca.Basta ver cómo en los torneos locales un equipo de mediana categoría le hace partido y a la fecha siguiente cae vapuleado por otro de calidad inferior. Y hablamos de rivales que enfrentan al xeneize una vez cada seis meses.
Pensemos entonces en un rival humilde en términos de exigencia profesional, que milita en el Argentino A, donde en muchas canchas casi ni césped para jugar hay. Un club que lo perdió todo económicamente a mediados de los 90 y hasta tuvo que cambiar de nombre una vez decretada la quiebra. Pensemos en once jugadores que probablemente no vivan de su sueldo de futbolistas. Once jugadores que crecieron viendo como Boca se quedaba con todos los títulos locales, continentales y mundiales. Una vez que cada uno de esos capta el significado de enfrentar al Goliat Boca, por primera vez de forma oficial, es difícil que la ilusión de hacer historia no gane la cabeza de todo Santamarina.
Lo había dicho Riquelme: “Ellos vienen jugando este partido todos los días en su cabeza”. Había mucha ilusión. La presión era para Boca: si ganaba, se daba la lógica; sino, la decepción. Pero Santamarina sólo pensaba en ganar. De otra forma, la epopeya no estaba concluida. Perder uno o diez a cero daba lo mismo. La chance histórica del club se diluía con cualquier resultado negativo, y hasta una abultada derrota hubiera resultado “la lógica”, tanto para cualquier simpatizante de Boca como para cualquier ciudadano de Tandil.
El principal aporte de la Copa Argentina es, justamente, darle la chance a los equipos más humildes de enfrentar y vencer a las instituciones más fuertes de nuestro fútbol.
Lo de Boca no fue una catástrofe ni mucho menos: jugó contra un equipo de calidad inferior y, bien o mal, lo venció. Pero el xeneize debe estar atento a este tipo de situaciones: se enfrentará a rivales que quieren asegurarse, con la posibilidad de borrarlo del camino, una página escrita en el libro de la gloria. Si Boca subestima, puede pasarla mal. Dentro de la cancha, antes que nada, hay once hombres contra once hombres.
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