El xeneize le ganó 1-0 a River con gol de Pablo Mouche y se quedó con el Superclásico en Mendoza. El equipo de Falcioni convirtió en el primer tiempo y aguantó la ventaja en el complemento ante un River cargado de impotencia.

Mariano Finkelstein

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El xeneize le ganó 1-0 a River

con gol de Pablo Mouche

y se quedó con el Superclásico en Mendoza. El equipo de Falcioni convirtió en el primer tiempo y aguantó la ventaja en el complemento ante un River cargado de impotencia.


A diferencia del encuentro en Resistencia, el Superclásico arrancó parejo, pero mostrando desde el primer minuto la pierna fuerte que caracteriza estos choques. A 30 segundos del comienzo, Juan Manuel Díaz le entró fuerte a Blandi pero Laverni lo salvó de la amarilla.

River, con más posesión del balón; Boca, más incisivo. Así se planteó todo el primer tiempo. A los 9 minutos, el conjunto de Almeyda perdió a David Trezeguet por lesión (lo reemplazó Funes Mori). El xeneize mostraba firmeza defensiva pero abusaba de los envíos largos y le costaba conectar entre los delanteros y los volantes.

El arma letal de Falcioni, el contraataque, volvió a ser mortal para River. A los 28 minutos, Ledesma aceleró por la derecha y casi cayéndose del terreno de juego mandó un centro para Mouche que de cabeza marcó el 1-0 para el delirio de la hinchada xeneize.

Apremiado por otro resultado adverso, el conjunto de Almeyda salió a quemar las naves. La potencia del uruguayo Sánchez y la presencia de Cavenaghi eran las cartas para intentar el empate. Justamente Cavenaghi, cuando se terminaba el primer tiempo, tuvo el gol en sus pies, pero su volea se fue por arriba del arco de Sebastián Sosa (de buen nivel).

En el complemnto en Boca, Schiavi fue reemplazado por Sauro (posteriormente ingresarían Colazo, Fernández y Araujo). River salió desde el inicio en busca de la igualdad, pero se mostraba temeroso en la salida desde el fondo y casi sufre otro gol.

El conjunto de Falcioni salió con una premisa: aguantar el resultado y realizar el menor desgaste posible. La cumplió, para bien de Boca, para mal del juego, que se convirtió en un dolor de ojos. River intentaba con el despliegue de Sánchez pero le faltaba, en principio, puntería. Chocaba contra sus propias limitaciones, buscaba remates salvadores ante el suspiro de sus hinchas. Boca, repleto de suplentes, marcaba y observaba el desgaste ajeno. De atacar, ni hablar. Renunció a toda opción ofensiva en el complemento.

Pero el 1-0 fue suficiente y Boca festejó nuevamente. Triunfó en los dos Superclásicos y estiró la sonrisa de cara a un semestre bravísimo, en el que enfrentará tres competiciones.

 

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Palabras claves: Boca, River, Torneo de verano, Copa Luis Nofal

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