Toda la expectativa estaba puesta en este primer superclásico veraniego, con la inédita presencia en Chaco. Con el descenso de River, inédita situación, regresaba un clásico con los rivales en dos categorías diferentes. Y justamente la categoría fue lo que hizo valer Boca para llevarse un merecido triunfo.
El conjunto de Almeyda arrancó muy enchufado en el comienzo del encuentro. Rápido, presionaba la salida de Boca y confiaba en su estrella, Alejandro Domínguez, el armado ofensivo. En los primeros cinco minutos, la valla xeneize sufrió por una chance de Sánchez, otra de Funes Mori y una error de Orión que no pudo aprovechar Cavenaghi.
Pero la vieja historia volvió a repetirse. Como en los clásicos de la década del 90, después del arrollador comienzo de River, Boca trianguló bien, Mouche escaló por la derecha y buscó a Blandi, que con un certero cabezazo puso al xeneize en ventaja. Furor en las tribunas de Chaco.
El gol trastocó los planes de River, que perdió la brújula. Nunca la recuperó. El conjunto de Falcioni apeló a todo su oficio y empezó a manejar el trámite del juego. En cambio, los de Almeyda perdieron a los 39 minutos a Alejandro Domínguez, que se hizo expulsar infantilmente por insultar al árbitro Diego Abal, quien lo había amonestado por una infracción a Pablo Ledesma (de muy buen partido).
En el complemento, River intentó modificar la historia con los ingresos de Trezeguet y el “Maestrico” González. Pero fue en vano. Boca se mostró muy solido, replicando la funcionalidad del equipo campeón. Parecía que la expulsión de Roncaglia (de buen encuentro pero demasiado agresivo), a los 15 del ST, reorganizaría el partido. No hubo caso. Falcioni rearmó el equipo, hizo ingresar a Sánchez Miño y a Araujo (por Mouche y Ledesma) y siguió dominando el trámite.
Para ponerle la frutilla del postre, una buena combinación del mediocampo derivó en la habilitación de Colazo a Blandi, que sólo ante Vega, selló el 2-0 a quince minutos del final.
Mientras los hinchas de River abandonaban el estadio, Boca pudo haber aumentado la cuenta, pero prefirió ponerle paños fríos al encuentro: La diferencia de jerarquía entre ambos equipos ya había quedado muy clara. Abal pitó el final y todo Boca festejó una grata victoria que ratifica las credenciales del campeón.



