Una vez más, Real Madrid y Barcelona paralizaron al mundo del fútbol. Fue el octavo clásico en nueve meses, una seguidilla mortal que se va a completar con la revancha, que se jugará en el Camp Nou. Comenzó, como en el clásico de la Liga ganando rápido el dueño de casa.
Javier García
Una vez más, Real Madrid y Barcelona paralizaron al mundo del fútbol. Fue el octavo clásico en nueve meses, una seguidilla mortal que se va a completar con la revancha, que se jugará en el Camp Nou. Comenzó, como en el clásico de la Liga ganando rápido el dueño de casa.
A los 11′, Cristiano Ronaldo hizo un gol importantísimo contra el Barça, gambeta larga, relegó a Piqué y marcó el 1-0, con la colaboración inestimable de Pinto. Como siempre, el culé no se volvió loco y siguió haciendo lo que mejor sabe: tenencia de balón.
El Real Madrid se sacrificó como loco. Corrió toda la cancha. Barrió en todos los sectores y lució muy concentrado, tanto que Lionel Messi y Xavi Hernández redondearon un magro primer tiempo. Eso sí, Gonzalo Higuaín y Karim Benzemá estuvieron muy erráticos.
En la segunda mitad, cuando todo el mundo se preguntaba que iba a suceder con el 1-0, empató rapídisimo Carles Puyol que conectó de cabeza un córner y puso el empate, rápido. Así, con las cosas como al principio, el Barça, claro, siguió haciendo lo que sabe. A Mourinho, una vez más, se le quemaron los papeles.
De todas maneras, parecía que era la noche del empate. Al Barcelona le servía y el Real, más allá del cabezazo en el palo de Benzemá, no tenía más argumentos. Andrés Iniesta casi marca un auténtico golazo, y así parecía que, entre la imposibilidad del local, la paciencia del visitante y la pasividad del árbitro, era empate.
Pero apareció Messi. Estrenando botines y amargando al Real, una vez más. Pase delicioso, bochinesco, orgásmico, de Messi, bah, para que Eric Abidal anotara el 2-1 con el que el Barcelona volvió a ganarle al Real Madrid, una vez más, y otra vez en el Santiago Bernabeú.
Ahora quedará la revancha. Pero clásico a clásico, el Real Madrid desdibuja más su historia. Pepe es un asesino a sueldo y las patadas y las malas artes para ser el único recurso que tiene a mano el equipo de Mou para frenar al ballet de Pep. Una vez más, no alcanzó. Hasta el último instante del partido, Real pegó. Hasta el último instante del partido, el Barcelona jugó. Allí radica la primera y más importante diferencia entre ambos.
El Real que luce aplomado en el ámbito de la Liga BBVA -incluso más que el Barça según el partido- se empequeñece hasta lo máximo cuando se enfrenta al equipo de Lionel Messi. Claro, habrá que ver que pasa, porque por ejemplo el Real Betis, el pasado fin de semana, sacó un 2-2 del Nou Camp y, encima, jugó mucho mejor, mucho más digno que este Real Madrid. ¿Qué pasa Mou?
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