Boca venció por 3 a 0 a Banfield y se consagró campeón del Torneo Apertura 2011 del fútbol argentino dos fechas antes del final, invicto y habiendo recibido sólo 4 goles en 16 partidos.
Javier Szlifman

Por previsible no deja de ser rescatable: Boca se consagró campeón del Torneo Apertura 2011 del fútbol argentino. Invicto, dos fechas antes del final, con amplia ventaja sobre sus inmediatos perseguidores. La victoria por 3 a 0 ante Banfield, último en la tabla, confirmó un título asegurado desde hace tiempo, con una superioridad contundente sobre sus rivales. La solidez y la unión que exhibió el equipo dentro de la cancha no se correspondieron con lo que sucedió durante todo el día afuera, donde dos candidatos se disputaron la presidencia del club, en una elección atravesada y fragmentada por la política nacional. Finalmente, Daniel Angelici se consagró como el nuevo presidente.
El campeón. Boca no es el equipo más vistoso de los últimos tiempos ni aspira a serlo. Es práctico, confiable, austero y seguro. No es brillante pero es sólido. No da lugar al deleite pero entrega felicidad a sus hinchas. Se consagró campeón sin perder un partido, marcando 22 goles en 17 fechas (poco más de uno por encuentro) y recibiendo sólo 4 tantos en su arco propio. En su solidez defensiva se explica buena parte de su éxito.
El equipo de Julio César Falcioni se hizo fuerte en defensa y encontró variantes en ataque, de la mano de Viatri, Cvitanich, Mouche y Blandi, más el aporte de Riquelme, que retornó al nivel de sus mejores días en buena parte de los 11 partidos que pudo jugar. El 10 fue decisivo en el primer tramo del campeonato, donde Boca aseguró la ventaja sobre sus perseguidores.
Los refuerzos también aportaron buenas actuaciones. La firmeza de Orión, Schiavi y Roncaglia, los goles de Cvitanich y los rendimientos crecientes de Somoza y Erviti, que habían arribado a comienzos de año y Falcioni supo recuperar, fueron claves. Además, el entrenador encontró buena respuesta en los suplentes: Blandi, Mouche, Chávez, Colazo y Caruzzo aportaron cuando entraron.
Fue un merecido ganador en un torneo de bajo nivel, donde sus virtudes sobresalen de la medianía general. El déficit de juego de sus rivales no desmerece su victoria.
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| Jorge Amor Ameal y Daniel Angelici, los candidatos a presidente |
La pelea en las urnas. La disputa entre el actual presidente Jorge Amor Amel y su rival Daniel Angelici comenzó en agosto de 2010. Como siempre sucede, Juan Román Riquelme atravesó el conflicto: la renovación de su contrato fue la causa del enfrentamiento entre los dirigentes. Angelici, entonces tesorero, se oponía a la continuidad del 10 y operó para sumar voluntades a su favor. Ameal, llegado a la presidencia por la muerte de Pedro Pompilio, buscaba continuar el vínculo y sólo pudo hacerlo con su propio voto, que sirvió para desempatar e inclinar la balanza a favor de su postura en la votación dirigencial.
Angelici renunció a su cargo e inmediatamente lanzó su candidatura a la presidencia, bajo el paraguas del ex presidente y hoy Jefe de Gobierno Mauricio Macri. Si las internas del vestuario entre Riquelme y Palermo y entre Falcioni y Riquelme hoy son parte del pasado, los dirigentes mantienen conflictos internos atemperados sólo por el éxito deportivo.
De andar errante en los campeonatos locales (entre el Clausura 2009 y el Apertura 2010, el equipo terminó del puesto 11 para abajo), con refuerzos en cantidad que no cumplieron en la cancha (Matías Giménez, Jesús Méndez, Christian Cellay, Adrián Gunino, Sebastian Prediger, Damián Escudero, Federico Insúa, entre otros), con técnicos que no estuvieron a la altura de las circunstancias (Abel Alves, Caludio Borghi), la propia gestión de Ameal permitió el florecimiento de candidatos presidenciales, muchos de ellos presentes en la actual conducción. La multitud de aspirantes al sillón, que llegaron a ser casi 10, se fue diluyendo a medida que se acercaban los comicios y aumentó la influencia de la coyuntura política nacional. Así como los flojos rendimientos deportivos parecían condenar a Ameal a abandonar su cargo, la actual campaña le dio su chance de intentar la continuidad.
El gobierno nacional apostó por el presidente, afiliado al Partido Justicialista y con un hijo militante en la agrupación La Cámpora, para derrotar a Macri, su adversario político. El Secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación, Carlos Zannini, habría sido determinante para que José Beraldi y Roberto Digón, dos presidenciables, aceptaran bajar sus candidaturas presidenciales y fueran como vices de Ameal. Roberto Digón es un histórico sindicalista del tabaco y fue diputado peronista. Beraldi es dueño de una poderosa empresa de transporte y además de ser dirigente de Boca preside el club GEBA.
Del lado de Angelici, Macri participó de distintos actos políticos y lo bendijo reiteradamente ante la prensa. Millonario, dueño de distintos bingos a lo largo del país, Angelici es afiliado a Unión Cívica Radical pero participa activamente en el PRO, el partido que gobierna la ciudad. Detrás suy, aparecieron Juan Carlos Crespi, sindicalista del gremio del petróleo, y Gustavo Paolini, dueño de la mayor empresa de grúas del país.
La mayor parte de los integrantes de las listas, oficialistas y opositores, formaron parte del gobierno de Boca desde 1996 en adelante. La vanidad, la ambición, el rumbo errante en lo deportivo, pusieron a algunos en veredas opuestas. Boca festejó, pero el éxito deportivo no le alcanzó a Ameal. En una elección donde votaron más de 24 mil personas, récord para el fútbol argentino, Angelici se impuso or poc más de 2000 votos. Los triunfos deportivos del gobierno de Macri y su fuerte campaña pesaron más. Mientras tanto, los hinchas y los jugadores disfrutan del campeonato.
Aquí los goles de Boca ante Banfield y los festejos por el campeonato:
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