El destino a veces oficia de cineasta y le regala a la historia capítulos inolvidables. Sin embargo, en ocasiones se viste de malévolo y le arrebata a la humanidad episodios supremos. Tal es así que la felicidad se construyó en dos oportunidades. Debut y despedida. En la primera fecha del Apertura 97, se fusionaron el talento y la osadía, el lujo y el potrero, Maradona y Riquelme.
Juan Pablo Moretto
Era una galleta amarga. Un domingo nublado. El momento perfecto para una copla de despedida. Era, al mismo tiempo, un día de hallazgos. El de una derecha placentera, educada siempre para acariciar, nunca para golpear. El de una apología a la belleza, un propietario de sabidurías. Era, para el placer de los novelistas, el día que se despedía Diego Armando Maradona. Era, ese mismo 10 de noviembre pero de 1996, la tarde en la que debutaba Juan Román Riquelme.
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