El documental escrito y dirigido por Dylan Avery generó tanto controversia en diversos organismos como gran interés en el público en general. Las teorías de conspiración del Gobierno de los Estados Unidos para prefabricar un autoatentado se fraguaron en la opinión pública como una incómoda posible realidad.

Federico Frau Barros y Matías De Rose

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El mundo no es el mismo desde el 11 de septiembre de 2001. Una serie de tres supuestos atentados terroristas a puntos estratégicos del territorio estadounidense, fue la excusa para la concepción de un “otro”, un nuevo enemigo que atenta contra la paz mundial. Así comenzó la despiadada guerra que proclamó el imperio norteamericano contra el terrorismo islámico, sin otro fin que la conquista del oro azul: el petróleo.



Bush/Bin Laden, la misma cara de la moneda.

Sin escapar de la misma lógica histórica, el 11-S reformuló la política exterior del Gobierno norteamericano comandado por George W. Bush. Atribuyendo los falsos atentados -concebidos, entonces, como autoatentados-, el Ejército de Estados Unidos envió sus tropas a Afganistán y a otros países de Medio Oriente en busca de la cabeza de Osama Bin Laden, el líder de la organización Al Qaeda, quien a partir de ese día pasó a ser considerado el hombre más peligroso del mundo.


Según la versión oficial del Departamento de Inteligencia de los Estados Unidos, los ataques fueron planeados y ejecutados por Al Qaeda, secuestrando dos aviones comerciales de la línea American Airlines y uno de United Airlines, que se estrellaron en dos íconos de la república estadounidense, las torres gemelas del World Trade Center. El otro habría alcanzado de frente el corazón militar del imperio más poderoso del mundo: el pentágono. Claro que nunca se encontraron restos del fuselaje ni cuerpos ni evidencias.


Sin embargo ésta no es más que otra manipulación para adueñarse de recursos naturales y dominar puntos estratégicos de la economía mundial, colocando bases militares en zonas sensibles y utilizando la falsa bandera de la paz, con respaldo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las potencias occidentales y la ejecución criminal de la OTAN. Este mecanismo no se logra solo si no fuera por el encubrimiento de las grandes cadenas massmedia del mundo, que en lugar de informar, incurren en la defensa de los intereses de las clases hegemónicas dominantes. 

 




Bases militares de Estados Unidos en Medio Oriente. Foto: Archivo.



 
 
Trailer de Loose Change.


LINK al post original.



Palabras claves: Medio oriente, conflicto, Estados Unidos

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