El actor de El elegido habla de los amigos, de las mujeres, de Buenos Aires y de su vínculo con el teatro, una pasión.
Magalí Sztejn
La mañana del viernes lo encuentra en una jornada de fotos y entrevistas en el Teatro del Abasto, donde a la noche deberá volver para subir a escena con la obra de Joaquín Bonet Ésa no fue la intención.
Adulto y plantado, así se lo ve a Ludovico Di Santo. Cuando el chico cool deja ver su costado más humano, demuestra no ser sólo una cara bonita. Consiguió despegarse de los papeles de galán y elegir roles más jugados. Primero fue la pareja de Walter Quiroz en El tiempo no para. Este año la oportunidad le llegó con la tira El elegido: "Se armó un gran grupo en el que todos confiamos en el trabajo del otro. Fue un año de aprendizaje, de crecimiento, un lugar donde confiaron en mí y me dieron algo interesante para laburar. Estoy superagradecido", expresa. Su próximo proyecto es viajar en diciembre a Mar del Plata para hacer temporada con la obra Extraños en un tren, basada en una película de Hitchcock y dirigida por Manuel González Gil. "Después -evalúa- Dios proveerá. Llegan propuestas, veré qué sucede."
Viniste de Lincoln a Buenos Aires a los 18 años para estudiar Comunicación y terminaste siendo actor. ¿Cómo fue?
Transité una época de mucha angustia, con ataques de pánico. Había perdido un poco el deseo. Mis amigos que me conocen desde hace años recuerdan el camino que tuve que recorrer para dedicarme a lo que quiero. La pasé tan mal mientras no sabía qué hacer, sin salida, que cuando la encontré fui a todo o nada. La fuerza de ese deseo fue lo que me permitió vivir de mi profesión. Tengo pocas virtudes y la constancia es una de ellas. Soy bastante testarudo.
El reconocimiento también llegó con su costado oscuro. ¿Qué sentís cuando te ves envuelto en rumores de romances?
Es raro. Trato de mantener mi vida separada del trabajo, que es más público. También acepto que es parte del juego e intento ponerle un poco de humor. Yo puedo llevarlo, porque ya estoy metido. Pero cuando involucran a terceros que no lo están y dicen "yo no quiero esto" se complica, y me da más bronca, porque se lastima a los que no tienen que ver directamente. Tenés que decir "no depende de mí".
¿Cómo vivís tu vuelta al teatro?
Éste es un lugar de goce absoluto, un lugar al que uno va porque realmente tiene ganas de ir. Hacer teatro independiente requiere de un gran amor por lo que uno hace. Laburo con amigos y es una oportunidad para hacer algo completamente distinta. A mí me gusta el oficio y que lo que hago guste. Todos los actores en este sentido somos muy narcisistas, porque si no está el otro que mire el hecho teatral no tiene sentido.
Y fuera de la escena, que valor tiene para vos la opinión sobre vos de los otros, ¿te importa mucho la mirada del otro?
Me encantaría decirte que la mirada del otro no me importa nada pero te mentiría. Uno es a partir de la mirada del otro. Yo estoy muy piscoanalizado. Igual estamos todo el tiempo tratando de mantener una seguridad que no existe. Cuanto más podés entender eso, más podés soltar, y cuanto más soltás, más arriesgás, y cuanto más arriesgás más ganás, generalmente. Yo me apoyo mucho en la amistad, son un miembro más de mi familia, un cable a tierra. Este año fue muy movido y muy intenso, y necesité mucho de los amigos. La amista es un lugar donde uno respira. Ellos conocen mis miserias, yo las de ellos y hay algo de amor que ampara todo lo que te dicen.
¿Por qué te apodaban Trapito de chico?
Por obsesivo de la limpieza y del orden. Éramos un grupo de desquiciados en busca de la felicidad y de los límites. Me divertía muchísimo pero había un momento en que todo se descontrolaba. Pasaba con el trapo, limpiaba, trataba de que las cosas se encauzaran un poco. Con los años me he calmado. En esa época seguramente estaba todo tan desordenado interiormente que necesitaba que por lo menos exteriormente hubiera algo de estructura.
Comentaste que tenías ganas de ser padre.
No ahora. En algún momento sucederá.
¿Te mudarías de ciudad si tuvieras la posibilidad?
La ciudad es como otra mujer, que te enamora y que te maltrata, como todas. No creo que pueda vivir en otro lado. Puedo irme una temporada a ciudades como Nueva York o Madrid, serle infiel. Me gusta mucho salir a manejar por Buenos Aires de noche en los días de semana, al azar. Llega un momento que siempre pienso "qué linda es". Yo soy un enamorado de esta ciudad. A veces es agresiva y caótica, pero el amor no es todo bello.
En pocas palabras
• Tiene 33 años.
• Es de San Lorenzo.
• Fue Octavio en la tira El elegido.
• Vive con su novia en Palermo.
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