El debate sobre la libertad se instaló, en los últimos años, en la gran mayoría de las discusiones que conforman sobremesas y charlas inagotables, donde los pocillos de café son los barcos vacíos de un puerto del que nadie huye. No obstante, el concepto devino en una expresión banal por intención nada ingenua de los medios de comunicación, que quieren disfrazar el negocio inescrupuloso en prensa libre.
Alexander Algieri
“El hombre nace libre, responsable y sin excusas”. Jean Paul Sartre
“Es más fácil apoderarse del comandante en jefe de un ejército que despojar a un miserable de su libertad”. Confucio.
Como sucedió con varias de sus vecinas de Europa del Este, todas las libertades fueron suprimidas ipso facto, y la ciudad se convirtió en el principal albergue de prisioneros, que eran tirados en la calle, a veces confundiéndose con la podredumbre de los cadáveres olvidados…fantasmas del terror
A Josef Kordik el presente no le resultaba tan hóstil como al resto de sus conciudadanos: por haber peleado para los alemanes no era perseguido por el ejercito nazi, y además podía trabajar tranquilo en su panadería, la estatal Nª3 de la ciudad. Por las noches apoyaba su cabeza en la almohada, y entre los llantos de los agobiados, en su cabeza molestaba el ruido de una ausencia: la del fútbol, paralizado tras la anexión. En una de sus tantas caminatas por las ruinas de las calles de Kiev, Kordik encuentra, para su sorpresa, a uno de sus ídolos: Trusevich. Para rescatarlo del abismo, le ofrece trabajo en su panadería, poniendo en la balanza los riesgos de tener a un soviético contra el fanatismo de tener a uno de sus ídolos viviendo en su casa. Además del cobijo, Kordik le propone Trusevich que busque al resto de sus compañeros del dynamo, para refugiarlos también. El portero encontró a varios de sus compañeros, y a tres rivales del Lokomotiv, a los que también llevó a la panadería. En un abrir y cerrar de ojos, Kordik tenía en su casa a un equipo de fútbol entero.
Los días comenzaron a hacerse más espesos, entre la paranoia por no ser descubierto, y el clima social caldeado por los espasmos de la resistencia soviética, cada vez más asiduos. Para aminalar un poco el caldo del desasosiego, el régimen del reich decidió reestablecer los eventos deportivos, incluida la reestructuración del fútbol. Enterados de la noticia, todos coincidieron: volver a jugar al fútbol como método para volver a ser seres libres. Recuperar en un campo de juego la dignidad del pueblo, arrebatada entre los fusiles de Hitler y la impericia de Stalin, y el único rincón de la historia que les quedaba intacto. Así nació el FC START.
Los rumores del FC START
• Ivan Kuzmenko
• Vasily Sukharev
• Feodor Tyutchev
• Makar Goncharenko
• Mikhail Putisin
• Milkhail Mielnizhuk
• Mikhail Sviridovskiy
Los alarmados generales nazis convocaban a los equipos más renombrados del Reich para que “aleccione” al Start, pero no había caso: un doblete ante el poderoso MSG húngaro (5-1 el 19 de julio, y 3-2 pasados dos días) colmó la paciencia de todos los soldados alemanes, que llamaron al conjunto más importante del régimen: Flakelf, que no sólo era un bastión propagandístico para Hitler sino que también tuvo fama de gran equipo. Netamente integrado por miembros de la Luftwaffe (fuerza aérea nazi), que ostentaba su carátula de “supremacía bélica”. La supremacía germana no fue tal: 5-1 ganó el Start, para sorpresa de todos, en ese 6 de Agosto en el que los soldados se fueron enmudecidos al bunker.
Habría revancha (casi obligada), que se haría tres días después.
“El fútbol es el reino de la lealtad humana ejercido al aire libre”- Antonio Gramsci.
La orden de dirigirse a las autoridades en el palco con el saludo nazi fue totalmente desobedecida, y mientras el Flakelf levantaba en su totalidad la mano, el Start gritaba: ¡Fizculthura (cultura física)! Grito típico en los eventos deportivos soviéticos. Como otra reivindicación al origen. El partido terminó a favor del Start, por 5-3. El estadio se derrumbaba por los gritos de furia de los asistentes, más aún cuando uno de los delanteros del Start, Alexei Klimenko, luego de quedar mano a mano con el arquero rival y gambetearlo para marcar el sexto gol, se da vuelta y tira un pelotazo hacia la mitad de cancha en claro gesto de supremacía y desprecio. El árbitro tuvo que suspender el partido. Durante el partido, los rumores se esparcían por toda la ciudad: once compatriotas estaban humillando a los nazis. Esto les permitió a los ganadores regresar a la panadería. Pero el escondite ya había sido develado…
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