En el Eden Park y contra Francia, los All Blacks quebraron el maleficio. Sufriendo, aguantando más que jugando, superados por la presión de todo un país y una prensa local que los daba favoritos cómodos antes de salir a la cancha. Pero merecidos campeones, al fin.
Jorge Búsico
La pesadilla de los neozelandeses tuvo un epílogo en la noche del 23 de octubre en Auckland. En el mismo escenario y ante el mismo rival del último festejo, allá por 1987, cuando el Mundial de rugby tuvo su primera versión, la que abrió otra era en este deporte. En el Eden Park y contra Francia, los All Blacks quebraron el maleficio. Sufriendo, aguantando más que jugando, superados por la presión de todo un país y una prensa local que los daba favoritos cómodos antes de salir a la cancha. Pero merecidos campeones, al fin. Ganaron todos sus partidos, y dentro de un torneo de regular nivel, fueron los mejores, sin dudas. Alegría también por ese pueblo cordial y fanático del rugby.
Francia vendió bien cara su derrota. Es magnífico ver cómo se agranda en estas paradas. Lo tuvo a su rival contra las cuerdas, pidiendo la hora, liderado por un sensacional Thierry Dusautoir, el mejor jugador de la Copa del Mundo 2011. Y peleando contra todo: All Blacks, gente, la pronta salida de su apertura Morgan Parra, golpeado por Richie McCaw y hasta por algunos fallos. Les Bleus estuvieron a nada de provocar uno de los golpes más fuertes en la historia del deporte. El 8-7 del resultado lo dice todo.
Fue un partido cerrado, deslucido, pero con todo lo lindo que encierra una final. Muy friccionado, muy golpeado. Un correlato de lo que fue la Copa del Mundo, signada por las lesiones, por el juego físico y que será recordada sólo porque los All Blacks salieron campeones en Nueva Zelandia, donde el rugby es una religión.
Como Quade Cooper en el partido por el tercer puesto, los dos equipos se quedaron sin sus aperturas en el primer tiempo. Primero se marchó Parra; después, Aaron Cruden, con la misma lesión del 10 de los Wallabies, ligamentos de la rodilla, solo. Increíble lo de los ABs. Terminó jugando su cuarto apertura, Stephen Donald, que como Cruden, no estaba entre los 30. Más aún: había viajado a Inglaterra para ingresar en el Bath. Y metió el único penal de la final, ese que sirvió para sacar el punto de diferencia.
Antes que Cruden, se marcharon Dan Carter y Colin Slade. Ayer, los dos recibieron sus medallas de campeones.
El primer tiempo fue todo de los All Blacks, que no pudieron establecer esa supremacía en el score. Un exiguo 5-0 producto de un try de line del pilar Tony Woodcock pero también de una muy mala noche con el pié (en todo, en realidad) de Piri Weepu, otro al que pareció que se le cayó encima toda la presión de ser considerado héroe nacional en los últimos días.
Precisamente un error de Weepu le abrió la puerta a Francia, tras una combinación entre sus dos mejores jugadores. Aurelien Rougerie (otro que disputó un Mundial sensacional) habilitó a Dusautoir y el capitán se zambulló casi abajo de los palos: 8-7. De ahí en más, cambió todo. Francia sintió que lo podía ganar y los ABs sintieron que lo podían perder.
El Eden Park y todo el país estuvo al borde del infarto cuando un penal de Francois Trinh-Duc se fue ancho. Lo que restó de la final fue con Francia atacando y los All Blacks defendiendo (muy bien, sin penales). Un trámite que le arrojó emoción e incertidumbre a la noche de Auckland.
Hasta que los franceses, en defensa, cometieron penal cuando los All Blacks durmieron la pelota en un maul. McCaw le dijo a Andy Ellis que la pateara afuera y ahí sí, el título volvió a las manos del dueño de casa.
El maestro Grahan Henry y varios de los que hoy estuvieron en el césped consiguieron enterrar la frustración de haber perdido, también ante Francia, en los cuartos de final del 2003. Y este plantel, entero, quedará en la leyenda, como aquel de 1987. El sueño se concretó: en la noche del 23 de octubre del 2011, en el templo del Eden Park, el centenario Richie McCaw levantó la William Webb Ellis. Quedará para más adelante ver si lo pueden repetir fuera de su casa. Pero lo más importante es que se terminó la pesadilla para Nueva Zelandia. Sus All Blacks son los All Champions. Indiscutidos. Merecidos.
(Foto: analiapavan@hotmail.com)



