La contundencia de los resultados permite agregar otro comentario en perspectiva histórica; no hay antecedentes en nuestro país de un gobierno que haya perdido una elección legislativa de medio término y se haya consagrado en las presidenciales siguientes.
Javier Cachés - sitio egresados TEA
En 1928, Hipólito Yrigoyen ganaba las elecciones presidenciales en la Argentina y le daba al partido fundado por Alem la posibilidad de mantenerse al frente del gobierno por tres períodos consecutivos. Ese mandato -la historia es conocida- nunca llegó a cumplirse; el caudillo radical fue derrocado en 1930, abriendo un prolongado escenario de inestabilidad política hasta 1983. Más de ochenta años después, Cristina Kirchner parece haber quedado a las puertas de repetir aquella gesta radical, tras la aplastante victoria del FpV en las primarias, en la que cosechó más del 50% de los votos.
La contundencia de los resultados permite agregar otro comentario en perspectiva histórica; no hay antecedentes en nuestro país de un gobierno que haya perdido una elección legislativa de medio término y se haya consagrado en las presidenciales siguientes. Tras la derrota de junio de 2009, las primarias del domingo parecen haberle dejado al oficialismo nacional el camino libre para concretar esta curiosa e inédita remontada.
Conviene evitar los análisis mono-causales del triunfo de Cristina; los fenómenos políticos suelen tener razones múltiples. Las explicaciones mecánicas, simplistas, embarran la cancha más de lo que la clarifican. El crecimiento y estabilidad económica, un liderazgo político excepcional, la identificación con un modelo de desarrollo, la extensión y eficacia de la política social son, a simple vista, algunas de las diversas razones que subyacen detrás del voto hacia el FpV y que han tirado por la borda aquel clima de hastío kirchnerista que intentó construir el establishment mediático.
Hacia el interior de la coalición de gobierno, los resultados del domingo avalan la estrategia de Cristina Kirchner; en la composición de las listas legislativas se priorizó la cercanía del entorno presidencial, postergando a sectores del sindicalismo y de poder político territorial que parecían tener su lugar ganado de antemano. Pensando en un futuro mandato sin posibilidad de reelección, la jugada se justificaba aunque concitaba riesgos y costos altísimos. Los guarismos dejan poco margen para lecturas matizadas; Cristina ganó en todas las provincias excepto San Luis. Suscitó adhesiones (a diferencia de 2007) tanto en las ciudades como en el Interior, inclusive se impuso en las zonas sojeras. Su hegemonía es indiscutible, su liderazgo, re-legitimado tanto en la opinión pública como hacia el interior de la coalición oficialista.
La oposición pagó el precio de haber llegado a la principal contienda electoral sin un programa, ni un discurso, ni un liderazgo consolidado. Esperaba que la simple expresión del voto ciudadano ordenara y redefiniera ese espectro político permitiendo posicionar un challenger firme al cual se volcaría el voto útil en octubre. En política, como en la vida, suele haber poco lugar para los milagros; la improvisación y mezquindad se tradujo en flacos apoyos para los que se perfilaban como principales opositores. Tanto Alfonsín como Duhalde arañaron el 12% de los votos. Su política de alianzas y (des)acuerdos fue castigada en las urnas. De cara a octubre, el camino está plagado de dudas; la hipótesis de un “renunciamiento histórico” de alguno de los dos candidatos para posicionar al otro suena inverosímil, en tanto que implicaría resignar la posibilidad de colocar diputados, senadores, intendentes y concejales a lo largo y ancho del país. El altruismo no es una moneda común en política.
Para Binner, los resultados deberían dejar un saldo positivo, pensando en una construcción de mediano plazo. Pino Solanas y Elisa Carrió parecerían haber ingresado en el crepúsculo de su carrera político-electoral.
Dar por sentado que el caudal de votos obtenido por el FpV en las elecciones primarias se repetirá en octubre es incorrecto; inducir que ese apoyo se esfumará en tan solo dos meses es también impensado. Cristina cimentó el camino para conseguir la reelección presidencial que redondearían 12 años de gobierno bajo un mismo signo político. Como sea, la ciudadanía se pronunció en las urnas con un nivel de participación superior al esperado. El significado de ese pronunciamiento se seguirá debatiendo con el correr de los días.
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