Tras el triunfo del PRO en los comicios de la Ciudad de Buenos Aires, concluyó que “los porteños decidieron que Macri y su ideología desideologizada gobierne esta ciudad”. “Me preocupa que una derecha neoliberal vuelva a tener chances en este país”, sostuvo. *
Natán Skigin - sitio egresados TEA
Luego de una semana con mucha polémica tras las elecciones de la Capital y la nota de Fito Páez, el filósofo de Carta Abierta, Ricardo Forster, reconoció que “la campaña de Filmus fue pobre, para nada interesante” y aseguró que “el macrismo ejerce un trabajo clientelístico sobre sectores populares de la Ciudad”. Tras el triunfo del PRO en los comicios, concluyó que “los porteños decidieron que Macri y su ideología desideologizada gobierne esta ciudad”. “Me preocupa que una derecha neoliberal vuelva a tener chances en este país”, sostuvo.
Tras la victoria del PRO en las elecciones porteñas, el filósofo Ricardo Forster ya da por perdida la batalla. Admite que es casi imposible dar vuelta el resultado –“tendría que pasarle un tsunami al macrismo para que no gane la segunda vuelta” –, pero igual cree que el candidato kirchnerista, Daniel Filmus, debe presentarse al balotaje. “Hay que mostrar que un porcentaje muy importante no adhiere al macrismo”, afirma. Después de una semana de polémicas, con eje en la nota de Fito Páez publicada por Página/12, el intelectual considera que el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, “es el político más protegido de la historia mediática argentina”.
-¿Qué evaluación hace del votante de Macri?
-No es un voto unificado, sino una combinación. No es el mismo voto el del señor ideologizado antikirchnerista que el voto clientelístico que el macrismo tiene en el Sur de Buenos Aires y sobre un caudal importante de habitantes en las zonas más desfavorables. O el de quienes encontraron en el discurso de Macri sobre la seguridad y xenófobo frente a los inmigrantes un lugar especular. Después hay un voto muy despolitizado, herencia de los ’90, vinculado a la reducción de la política a una estética, acorde a la publicidad de Durán Barba. Un voto tinellista, de la fiesta. También estarán quienes se sienten identificados con el proyecto de sociedad que, si bien no lo dice, Macri dejó explícito a lo largo de cuatro años.
-¿A qué se refiere específicamente con “voto clientelístico”?
-El macrismo ejerce un trabajo clientelístico sobre sectores populares de la Ciudad. Es sistemático, con punteros y todo aquello que se critica del populismo y del kirchnerismo. Esos fantasmas que Clarín y La Nación utilizan para denunciar los supuestos votos de baja calidad, el macrismo los despega sin ningún tipo de rubor: tiene planes sociales, trabajo intenso de punteros, que, en parte, los heredó del duhaldismo. Pero el macrismo está mediáticamente protegido. El Fino Palacios, las escuchas ilegales, los derrumbes, la ineficiencia y la violencia pasaron desapercibidos. Sería interesante que alguien con cierta neutralidad valorativa se preguntase por qué Macri es el político más protegido de la historia mediática argentina.
-¿Por qué eso no fue aprovechado por la oposición porteña durante la campaña?
-La campaña de Filmus fue pobre, para nada interesante. El voto al macrismo después de cuatro años de gestión pobrísima demuestra que en nuestra sociedad sigue persistiendo el cuentapropismo moral, el individualismo exacerbado, la sospecha permanente hacia la política, la visión de que una Ciudad se gestiona empresarialmente. Para mis vecinos, la lógica de lo común, la solidaridad y la movilidad social, en muchos casos, no existe. Los porteños, en una proporción muy grande, decidieron que Macri y su “ideología desideologizada” gobierne esta ciudad. Se subestimó el impacto del macrismo. Buenos Aires es el lugar que ha cristalizado con mayor potencia todo lo que le ha sucedido en las últimas décadas al país. Es una ciudad compleja, difícil, con un electorado que tiende a diferenciarse del nacional.
-¿En qué se distingue?
-En el modo en cómo se construyen en las grandes ciudades las tramas de la vida cultural, la concepción de la realidad. Eso de que ‘si las cosas van bien es producto de mi esfuerzo y si van mal es culpa del Gobierno’. Allí están aquellos cuyas visiones del mundo no salen de lo que transmiten los grandes medios. Eso está, sobre todo, en la clase media, que es la que más ha entrado en la dinámica de la sociedad del espectáculo, del miedo, hipersensibilizada por el discurso de la inseguridad. Y su voto tiende a ser más conservador. Cree que si alguien no viene de la política, sino de las empresas o la TV, tiene una transparencia que se asemeja más a lo que su visión del mundo le hace ver.
-¿Hay un acierto en el equipo publicitario del PRO?
-En términos de rentabilidad electoral, hay una capacidad de imponer ese discurso. La pregunta es si aquellos que tenemos otra mirada tenemos que hacer como Durán Barba para ganarnos el electorado, o si actuar como él termina por construir un modelo de vida social a su imagen y semejanza. Hacer una campaña liviana es el fin de lo mejor que está sucediendo en estos años. Sería preocupante si el kirchnerismo también hiciera eso. No hay ninguna tradición política democrática y emancipatoria que se pueda sentir a gusto con ese tipo de lenguaje.
-En una asamblea de Carta Abierta usted hablaba de recuperar la poética de la Ciudad y apelar a las emociones, a la sensibilidad. ¿Fracasó su plan?
-Esa es la diferencia entre Durán Barba y lo que yo planteaba. La política está articulada por sentimientos, historias, memorias; no puede ser solamente la construcción de estructuras razonal-conceptuales. Tiene también una estructura mítica. En la Ciudad, el Frente para la Victoria, no encontró con su campaña la manera de hacer confluir estos elementos. Fue una campaña pobre no sólo conceptualmente, sino que incluso, en términos estéticos, fue muy mala, anacrónica. Una cosa es Durán Barba y sus ingeniosidades y otra es renunciar a la potencia de lo estético vinculado a lo político.
-Aníbal Fernández cargó contra los medios, Páez contra los votantes. ¿No hay autocrítica en no haber captado, por ejemplo, a los sectores populares?
-Yo diferenciaría lo que dice Aníbal de lo que dice el músico. Páez quiso poner en evidencia que hay un disgusto en relación a algo que está sucediendo. A él le cayeron inmediatamente los grandes medios en un gesto de linchamiento que no se corresponde con otras múltiples intervenciones. Cuando Carrió vincula a aquel que vota al kirchnerismo como gente que vota a un corrupto, no genera ninguna indignación. A ninguno se le hubiera ocurrido plantear que el discurso de Macri sobre el Indoamericano echaba nafta sobre el fuego de una xenofobia que estaba ahí con mucha fuerza. Es interesante que todos estén ofendidos por las palabras de Fito y cuando un senador (Ernesto Sanz) dijo que la Asignación Universal servía para aumentar el consumo de paco y de juego, ni los grandes periodistas ni el establishment se ofendieron. Yo tendría mucho cuidado en poner en cuestión que es de más calidad el voto de alguien que tiene la vida resuelta de alguien que cada día que se levanta tiene que imaginar cómo conseguir la comida de sus hijos. Esa persona construye una astucia del vivir.
-Desde algunos sectores del oficialismo dicen que criticar al Gobierno nacional es “hacerle el juego a la derecha”. ¿La nota de Fito no es eso también? Le permitió a Clarín hablar de un odio kirchnerista hacia los porteños.
-Hay una diferencia entre el que está encuadrado políticamente y quien dice lo que piensa de la vida. Si no, Fito no escribiría ninguna canción. Si todo hubiera que decirlo en función de no perjudicar a un partido, no habría artistas, porque el arte estaría para reproducir mecánicamente lo que cualquier núcleo de la política le sugiriera. Fito es libre y si lo que expresa sirve o no, es problema del kirchnerismo. Su grito pone en evidencia lo flaco de una campaña que no pudo mostrar los riesgos inmensos que padece Buenos Aires frente a otra administración macrista. Hay que mostrar que hay un porcentaje muy importante que no adhiere al macrismo. Pero es una buena llamada de atención; no subestimaría el resultado electoral ni lo resolvería diciendo que es lo mismo que 2007. Hay que prestarle atención.
-¿Te preocupa que Macri logre llegar con posibilidades electorales al 2015?
-Cómo no me va a preocupar que alguien que expresa lo peor de la vida social, política y cultural argentina pueda ser presidente. Me preocupa que una derecha neoliberal vuelva a tener chances en este país, de la misma manera que no me gustaría que el heredero del kirchnerismo fuese Scioli, que no es igual a Macri, pero que no me representa en términos de los que creo que fue lo mejor de lo surgido en estos años.
-¿Quién sería un buen heredero?
-Habría que construirlo.
-Si Cristina ganara en octubre, ¿qué habría que cambiar que no se pueda hacer antes de las elecciones?
-Si hay algo que queda claro en el kirchnerismo es que no suele ocultar su proyecto, a diferencia de las fuerzas políticas de la oposición, que no dicen nada de lo que van a hacer. Las líneas fuertes del Gobierno fueron las mismas desde 2003. Se trata de ir hacia una distribución más equitativa de la renta. Para eso hay que ir a una reforma impositiva, pensar cómo se discute la distribución. Hay que seguir avanzando sobre una transformación estructural del Estado, que todavía sigue teniendo enormes falencias.
-¿Qué relaciones políticas debiera modificar?
-El kirchnerismo tiene que ser un lugar de confluencias. Me preocupa el encapsulamiento en un peronismo reducido a cantar la marchita. Kirchner mostró rasgos muy interesantes cuando trató de no reducirse al peronismo, sabiendo que es central, pero también es metamorfosis. El peronismo actual tiene que hacerse cargo de lo que fue el peronismo de los ’90.
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