Pasaron 17 años y los familiares y amigos de las víctimas aún siguen reclamando justicia ya que ningún Gobierno pudo dar con los culpables. La causa está en investigación y el pesar es cada vez más profundo.
Mariela Cecilia Delay - egresada TEA
9.53. A esa hora el tiempo se detuvo y varios corazones dejaron de latir. Las 9.53 del 18 de julio de 1994 fueron las más dolorosas y terroríficas de la sociedad argentina desde el atentado a la Embajada de Israel en 1992. Una explosión se apoderó del edificio de la calle Pasteur al 600, donde se situaba la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA).
El coche bomba que estaba cerca de la entrada de la sede detonó y causó un fuerte temblor en toda la manzana, provocandole la muerte a 85 personas, mientras que hubo otras 300 heridas. Los escombros inundaron la cuadra del barrio de Balvanera, y taparon a las 67 víctimas que hubo dentro de la AMIA, y a las tras 17 que encotraron la muerte mientras caminaban o paraban cerca de la sede.
Las ambulancias y los pedidos desesperados de socorro fue el sonido que más se escuchó a las 9.55, porque 2 minutos antes la ciudad se había quedado paralizada, en silencio. Sin comprender aún que se trataba de un atentado terrorista (sólo el segundo hecho de una cadena de tragedias, que continuaría con la muerte de Carlos Jr y la explosión de Río Tercero, la muerte de Cabezas, entre otros), la gente atinó a llamar a los medios y a contarles que todo marchaba con total tranquilidad hasta que se desató la hecatombe.
Más de 1000 viviendas y comercios cercanos quedaron destruidos, la pérdida de gas en la zona fue de gran magnitud, la onda expansiva arrasó con toda la cuadra , lanzando autos, arboles, carteles y personas por los aires; los vidrios de las ventanas de las viviendas y negocios estallaron hasta seis calles a la redonda.
Pasaron 17 años y los familiares y amigos de las víctimas aún siguen reclamando justicia ya que ningún Gobierno pudo dar con los culpables. La causa está en investigación y mientras los años pasan, el hondo pesar es cada vez más profundo en la vida de los damnificados y de los familiares, porque no se rinden y buscan a los responsables de semejante ataque. Se manifiestan y trabajan codo a codo para encotrar a quienes les robaron la sonrisa a algunos, la juventud a otros, y el futuro a todos.
Muchos años antes del ataque a la AMIA, así se expresaba Mario Benedetti: "¿ Por que cantamos? por nuestros muertos que piden que cantemos".
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