Desde hace tiempo se le reclamaba a 6,7,8 que invitara (y que el otro aceptara el convite) a algún crítico del Gobierno con peso intelectual, y lo cierto es que la producción estuvo audaz en llevar a una de las pensadoras más calificadas de nuestro país.
Martin Lipszyc - egresado TEA
Y un 24 de mayo, las redes sociales explotaron. No destacaban ninguna revolución civil en un remoto país árabe, ni un nuevo disco para bajar, ni siquiera el lanzamiento de un chiche tecnológico. Nada de eso. Lo que había ocurrido era que una mujer de más de 65 años había liquidado discursivamente al principal bastión mediático del Gobierno.
Ya en la previa, la visita de la ensayista Beatriz Sarlo a 6,7,8 había generado expectativas. Al punto que el sello que edita sus libros había enviado un comunicado a los medios anunciando la esperada participación. Una punzante crítica al oficialismo iba a sentarse en el panel del ultraoficialista programa. La naturaleza del show amerita un análisis aparte -baste con decir que lo considero negativo pero necesario-. Pero la razón de este escrito nace de la alegría que me dio ver cómo, desde la lengua y el intelecto, muchos argumentos esgrimidos a los gritos pueden hacerse añicos en sólo una hora y media, cortes publicitarios incluidos.
Sarlo fue en representación de muchos, por más que ella no lo haya pensado así. Desde hace tiempo se le reclamaba a 6,7,8 que invitara (y que el otro aceptara el convite) a algún crítico del Gobierno con peso intelectual, y lo cierto es que la producción estuvo audaz en llevar a una de las pensadoras más calificadas de nuestro país. Igualmente, no fue la única partícipe externa. También estuvieron el funcionario Gabriel Mariottoy el filósofo alineado con el oficialismo Ricardo Forster. Junto con los panelistas, también en consonancia con el Gobierno, fue una suerte de disputa de ocho personas que ven con buenos ojos al kirchnerismo contra una que no lo hace.
Ahora bien, el hecho de no hacerlo no la convierte en una figura de la oposición. Y eso es lo que muchos fanáticos no logran comprender.
Sarlo demolió los informes destacando lo que consideró poco preciso, sesgado y tendencioso. Y sus argumentos fueron inapelables. El panelista Orlando Barone, ante el dominio intelectual del programa por parte de la ensayista, intentó una chicana. Sarlo, ni lerda ni perezosa, lo frenó en seco con una frase que se instalará en el léxico popular al menos por unos días: “Conmigo no, Barone“.
Ahora bien, ¿cuál fue la gran victoria de Beatriz Sarlo? Sin dudas, el hecho de que fue de visitante, a un territorio hostil, y demostró que la polarización existe sólo si se la permite. No tuvo empacho en cuestionar a la oposición, pero no por eso dejó de hacerlo con el oficialismo. Se mostró como lo que es: una intelectual sólida, crítica con la realidad, sea cual sea su color político. No entró en el juego que intentan proponer algunos sectores, que sin darse cuenta recuerdan a George W. Bush y su famoso “con nosotros o contra nosotros”.
Aplausos, ovación y ver de nuevo esta emisión de 6,7,8.
Igualmente, el oficialismo puede estar tranquilo. Por el momento, ningún político opositor ha demostrado tener siquiera la mitad de la capacidad intelectual de Sarlo.
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