Aunque para algunos Marchetti es simplemente el pelado de la Barcelona, el además es escritor del libro de poemas “Dialecto pequeño burgués”, guionista de la opera cumbia “Mueva la patria”, cantautor del Conjunto Falopa, columnista de Duro de Domar y director de la Revista Barcelona.
Matías Bugallo - alumno de TEA
¿Cómo y cuándo empezaste con el periodismo?
-Yo dibujaba y escribía. Me anoté y empecé Letras (hice el CBC y poco menos de un año). Además, escribía poesía, como cualquier adolescente. Me di cuenta de que era menos malo escribiendo que dibujando. Además de hacer Letras pensé cómo podía vivir de escribir. Periodismo o publicidad, era la duda. Opté por el periodismo y estudié en TEA. Después de andar un par de años con Barcelona me di cuenta de lo parecidos que eran la publicidad, el periodismo y la poesía.
¿En cuál de todas tus múltiples roles te sentís más a gusto? ¿Cómo periodista, músico o escritor?
-En todas. Me interesa jugar con formatos poéticos, líricos, visuales. Lo poético entendido como la dimensión más musical y más visual de la palabra.
¿Creés que tus actitudes y declaraciones generan controversia?
-Espero que así sea. Me gusta meterme en los buenos debates y discutir. De modo que estaría bueno generar controversia. No sé si lo logro, no me gusta hablar de los resultados de lo que hago. Esas son cosas que tienen que decir los demás.
¿Cómo tomás las críticas que reciben en el correo de la Revista Barcelona acusándolos de sumarse al kirchnerismo?
-Muchas me gustan, porque me hacen ver cosas que hacemos y que no están buenas. O me llevan a pensar, a reflexionar sobre las que me interesan. Como por ejemplo, la distancia o no entre el deseo y la posibilidad real de cambio social, y la necesidad o no (de acuerdo a esa urgencia) de tener de aliado a alguien cercano a ese poder. Otras, me aburren. Pero me encanta la chicana, soy muy peronista en eso.
¿Tuviste o tenés algún tipo de militancia política?
-Sí, en el secundario y después, un tiempo, algo barrial. Siempre en el peronismo, culturalmente me siento peronista, pero no ejerzo. Milité desde el 83 hasta el 89, entre los 15 y los 22 años. Estaba en la cafieradora, leía la revista Unidos, iba a una unidad básica de Chacho Álvarez, y el triunfo de Menem fue durísimo. Después hubo que apechugar. Sí, lo voté a Menem en el 89. Pero sólo festejé la elección en Capital, que permitió que entrara Germán Abdala como diputado nacional -iba quinto en la lista-, además de Chacho, claro, que iba tercero.
¿Qué pensas de la ley de medios audiovisuales?
-Es lo mejor que les pasó a los medios argentinos en muchísimo tiempo. Tengo, como me ocurre con todas las leyes, mis dudas respecto de cómo se va a implementar. Soy bastante escéptico en eso. La distancia entre la letra escrita y su implementación, siempre es muy grande. Me pareció fabuloso el debate que se generó. Por un lado, me llamó la atención que nunca hubo tal distancia entre la cantidad de espacio que los medios le dedicaron al tema y la casi nula importancia que la mayoría de la población le dio. Pero sobre todo me pareció interesante que cada medio blanqueó de qué lado está parado y qué intereses defiende. Todos pasaron al ataque y nadie se guardó nada. Programas que parecían insulsos se transformaron en barricadas. Quedaron al desnudo, sin caretearla ni un poquito. Y eso está buenísimo.
¿Qué significa para vos la libertad de expresión?
-La libertad de expresión no existe. Siempre estás condicionado por algo. Y pensar en eso me parece pajero. Reflexionar demasiado sobre el tema es algo propio de quienes, o bien quieren limpiarse el culo e invocar supuestos valores “republicanos” para pasar por buenos, o bien quieren coartar la libertad de los demás. Trato de expresarme libremente y de ejercer ese derecho como algo natural. En cuanto a los medios, hoy existen muchísimos canales para manifestarse y es sencillo hacer un poco de ruido. Así como hoy cualquier idiota puede aparecer un rato por televisión y sacar un mínimo rédito de esa exhibición fugaz, también es sencillo, si tenés algo más o menos interesante para plantear, ponerlo en discusión entre un montón de gente.
Hace un tiempo declaraste que gracias al kirchnerismo la política volvió a ser un tema de discusión, ¿Dónde ves ese cambió?
-En la cotidianeidad. Noto que en la discusión doméstica la política tiene una presencia mucho mayor que hace 20 años. En los 90 no se le daba la misma importancia. Y podemos discutir un rato largo sobre si este gobierno es o no progresista o, en todo caso, si está a la izquierda o no de la sociedad argentina. Pero a nadie le parecería que se trata de un debate ridículo y eso es un paso adelante.
¿Qué rescatás y que criticás del gobierno?
-Sobre todo lo de la discusión política de que hablaba antes. Hay un listado que se recita de memoria: juicios a los represores de la última dictadura, asignación universal por hijo, Ley de Medios, fin de las AFJP, las estatizaciones, esas cosas que, aunque pocas, hacen que la posibilidad de ver al gobierno a la izquierda de la escena política no resulte delirante. Por supuesto, podría seguir con cosas que falta hacer y la nómina sería eterna. Pero lo que más me molesta es hablar de “derechos humanos” siempre mirando al pasado. Hoy los datos de la CORREPI son alarmantes: este es el Gobierno que, desde la democracia, tiene más casos de represión policial social y gatillo fácil. No quiere decir que sea peor, pero sí que nadie tocó nada de la estructura armada por el Estado para el control social interno (policía, gendarmería) y eso, sumado a la desigualdad, es una bomba de tiempo. Me jode que el gobierno hable tanto de derechos humanos, de que no hubo represión a los manifestantes que cortaban calles -se olvida lo que pasó en el Casino Flotante- y que no diga nada de la represión social que existe hoy en la Argentina. Pero claro, se trata de gente pobre, que vive en lugares sucios, lejos de nosotros, blanquitos clase media de Buenos Aires.
¿Cómo vecino de la Capital Federal, que opinión te merece la gestión de Macri?
-Es muy mala, pero no sólo por las escuchas, el Fino Palacios, la Ucep, Posse y todas esas cosas, que son jodidísimas, pero era lo que se esperaba, aunque no creo que al votante de Macri le importen. Toda esa imagen de gerente, de tipo que resuelve, resultó ser un fiasco. Curiosamente, no pasa lo mismo con la gestión en Cultura. Es la misma gente que estaba con De la Rúa, los que conformaban el grupo sushi y armaron FM Supernova. Los recitales están más o menos en la misma onda que empezaron Pacho O’Donnell y los radicales cool en el 83. Y eso, aunque es más de lo mismo, para lo que yo esperaba de Macri, es mucho. Lo que me da un poco de miedo del asunto de las escuchas y del procesamiento de Macri es que se hable tanto de esto y no de la gestión. Creo que Macri es un inútil y que el Gobierno lo está matando por algo que es condenable y, si es cierto, debería irse a la mierda. Pero por otro lado, políticamente creo que a nadie le importa mucho eso. Y temo que quede como un mártir perseguido por el kirchnerismo.
¿Dónde creés que esta la manera de editorializar de la Revista Barcelona?
-En el formato. Bueno, también en el contenido, claro. Pero creo que la clave de Barcelona es llevar el formato al máximo. Esa es su manera de tomar partido. Hay una veneración por las formas clásicas del periodismo. Por supuesto que importan las notas, que la revista esté bien escrita y todo eso. Las notas responden a un formato general, que es una identidad colectiva muy fuerte y desde allí se habla.
Sos colaborador de la revista THC, ¿Qué opinión tenés sobre la despenalización del cannabis?
-Estoy a favor de la despenalización del consumo de todas las drogas. Pero también de un fuerte control social sobre el consumo de todas las sustancias. Creo que debería haber fuertes restricciones a la publicidad de los productos tóxicos, como los que usan pesticidas para su elaboración, los que tienen altos contenidos de grasas y azúcares. La composición química debería figurar grande en el envase, como la leyenda “Fumar mata” de los paquetes de cigarrillos.


