“De verdades hace mentiras, de mentiras hace verdades”, escribía el arcipreste de Hita hace setecientos años. Él pensaba simplemente en el dinero. Hoy, acaso, el sujeto hacedor de mentiras y verdades sería el poder, o los medios, o el dinero, por qué no, en última instancia.
Ulises Muschietti - docente TEA
“De verdades hace mentiras, de mentiras hace verdades”, escribía el arcipreste de Hita hace setecientos años. Él pensaba simplemente en el dinero. Hoy, acaso, el sujeto hacedor de mentiras y verdades sería el poder, o los medios, o el dinero, por qué no, en última instancia. Como sea, el último fin de semana resultó notablemente propicio para acordarse una y otra vez de la vieja letrilla medieval.
En la Casa Blanca de Washington, el presidente del estado más poderoso de la tierra hizo de mentiras verdades cuando llamó justicia al acto de terrorismo de estado que tropas de su mando habían cometido en una remota población de Pakistan, sin conocimiento siquiera de las autoridades de ese país. También las hizo cuando dio por probadas la identidad del muerto, su presunta historia, sus presuntas culpas. Miles de comunicadores, que le hicieron coro, convirtieron en mentira una vieja verdad: la información que procede de los servicios de inteligencia sólo merece ser tratada como carne podrida.
El pastor alemán Joseph Ratzinger, rey infalible de la iglesia católica, por su parte, se cansó de hacer de verdades mentiras durante la beatificación, en Roma, de su antecesor, padrino y benefactor Karol Wojtila. Al autor de este blog, libre que se considera de toda religión, la santidad en sí misma lo tiene sin cuidado. Pero la proclamación, multiplicada sin críticas por los medios masivos del mundo, de las virtudes humanas de quien descolló por su afición a la censura, por su criminal campaña contra el uso de preservativos en medio de la mortandad que causaba el Sida, por la protección a los pederastas de su rebaño, por su complicidad con las más sangrientas dictaduras, hace mentiras de todas esas verdades.
Hubo otros escenarios en los que se montaron prestidigitaciones menores con verdades y mentiras. En Londres, por ejemplo, y por cadena televisiva global a todo el mundo, se hizo verdad para millones la mentirita de que la boda de un príncipe es de interés colectivo, y mentira la verdad de que las familias reales son apenas parásitos que saben hacer negocios descomunales con su vida, valga el contrasentido, privada. Para este episodio, tal vez, el arcipreste habría elegido otro verso suyo: “Donde hay mucho dinero, allí está la nobleza”. Casi un guiño de ojo.
Artículos relacionados
- Con Obama la dignidad no se negocia
- Rodolfo Barilli: “Hay una guerra por cada pibe que estuvo en Malvinas”
- Diferencias entre "Criterio Periodístico" y "Criterio de Empresa"
- A 20 años del atentado a la embajada de Israel
- Messi en Esquire
- Diez consejos para estudiantes de comunicación
- `1986´, una nueva revista sobre River
- A 60 años del primer partido televisado
- Amy Winehouse murió por exceso de alcohol
- A 40 años de la muerte de G. Rozenmacher
- El juez Zaffaroni en la mira
- La mejor Amy Winehouse
- A 21 años del adiós a José Marrone
- A 25 años de la muerte de Borges
- La muerte de Bin Laden
- La fiesta de la muerte



