A propósito del reclamo laboral impidió la salida del matutino Clarín del domingo último. Fragmentos de "Una solución argentina para los problemas argentinos", nota del Equipo de Política de Veintitrés, nº 122 del 9 de noviembre de 2000, cuando la revista era dirigida por Jorge Lanata.
Archivo TEA y DeporTEA
“El sábado 4 de noviembre todos los trabajadores de Clarín recibieron correspondencia de su empresa. 'Atento a que usted participó en asambleas en las que se llegó a proponer gravísimas medidas contra los bienes de la empresa y la fuente de trabajo... prescindimos de sus servicios a partir de la fecha. Haberes, indemnizaciones y certificados a su disposición', leyeron dieciséis de ellos en el telegrama que llegó a sus casas. Otros treinta recibieron razones distintas: 'La necesidad de mantener al diario en su nivel de liderazgo ha impuesto la incorporación en el sector corrección de la tecnología de uso habitual en los diarios de primera línea. En razón de este cambio, nos vemos obligados a prescindir de sus servicios'. A un tercer grupo se les explicó que era víctima de un proceso de reestructuración. El resto del personal recibió una larga carta de la empresa en la que intentaba explicar la decisión tomada.
Alrededor de las ocho de la mañana de ese día, los trabajadores -despedidos o no- comenzaron a llegar a las puertas del diario, donde ya estaba instalada una importante guardia de la Policía Federal. En el portón de entrada la empresa había repartido listas de trabajadores, con sus respectivas fotos, a los que la guardia debía impedirles la entrada. Allí, sobre la calle Tacuarí, todos empezaron a tener noción de las decisiones tomadas por el multimedios más poderoso de la Argentina:
Los despedidos eran 117 -si se toman en cuenta los 'factureros' y colaboradores- o 74 si la lista incluye sólo a los trabajadores efectivos. El primer número es manejado por los afectados, el segundo por la empresa.
Clarín había decidido reemplazar a sus treinta correctores por un programa de computación. A todos los indemnizaría.
Clarín había decidido despedir a todos los que habían participado del proceso que llegó a elegir, por primera vez en décadas, a una comisión gremial con perspectivas de entrar en confrontación con la empresa. No sólo se quedaron sin trabajo los delegados electos sino también todos los que participaron, por ejemplo, en la junta electoral. El telegrama de la empresa era muy explícito al respecto. Acusaba a los despedidos de haber participado en asambleas donde hubo propuestas que podían dañar a la empresa. No era necesario haber formulado esa supuesta propuesta, ni haberla votado. Con haberla escuchado era suficiente. También los despedidos por lo que la empresa califica como 'razones disciplinarias' recibirían la indemnización prevista por ley para despidos sin causa.
En los tres días siguientes se vivirían hechos cinematográficos. Por ejemplo, dos asambleas de trabajadores y despedidos fueron filmadas desde la sede de Clarín y desde edificios cercanos. Los periodistas que habían sobrevivido eran citados en diversas zonas de la ciudad -Canal 13, el hotel Internacional- para ser introducidos en combis escoltadas por Gendarmería, que les permitían así entrar al edificio de Clarín sorteando los piquetes. Un grupo de despedidos intentó retrasar la salida del diario del domingo y fue enfrentado por la guardia policial. La pelea entre la comisión interna y la conducción del sindicato de periodistas generó forcejeos y trompadas entre los mismos trabajadores.
Al cierre de esta edición, el grupo Clarín ya había ganado un conflicto que ni siquiera alcanzó a iniciarse. Los despedidos iban a cobrar la indemnización -y a engrosar la abultada lista de periodistas sin trabajo-, y la empresa había desarticulado el primer intento serio de organización gremial en por lo menos una década. Pese a que todo el episodio -los despidos, la persecución gremial- fueron ampliamente conocidos en el mundillo periodístico, y pese al natural interés que despierta en el público una noticia sobre una empresa tan popular e influyente, prácticamente ningún medio informó sobre el episodio, ni el directamente involucrado ni la competencia. TN -una empresa de Clarín- cortó la transmisión en vivo de una conferencia de prensa en la que Hugo Moyano se refería al conflicto.
(…)
La campaña intimidatoria no terminó con los despidos. Poderosos editores de secciones clave iniciaron una 'campaña telefónica' que duró hasta las tres de la mañana del lunes. ¿El mensaje? 'No participes, no te juntes, no vayas, que te vi en la lista'.
Jorge Rendo, director de Relaciones Institucionales de Clarín, negó a esta revista 'terminantemente cualquier tipo de presiones sobre el personal respecto de la participación en asambleas. Ayer hubo gente que participó -cincuenta, cuando podrían haber sido cien o doscientos- y volvió a sus puestos de trabajo'. Y aclaró que 'la empresa no prohíbe la actividad gremial, actividad que mantuvo en los peores años de la historia argentina'.
No es el clima que se vive adentro. 'Si nos juntamos dos, enseguida viene alguien a ver qué pasa, hay gente de seguridad caminando constantemente los pasillos y compañeros que salen a hablar afuera, a un teléfono público, convencidos de que estamos pinchados.' Las cámaras que filmaron la asamblea el sábado desde el edificio del diario y las que se apostaron el domingo en el edificio de enfrente acrecentaron la idea que comparte la gran mayoría: 'Nos están controlando'.
Rendo reconoció que hubo cámaras que filmaban a los participantes de la asamblea, pero dice que no eran de la empresa sino de la Policía Federal y asegura que 'se trata de un procedimiento habitual cuando existe la posibilidad de disturbios'.”
Nota sobre los diez años de los despidos en Clarín
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