La provincia de Chubut es el claro ejemplo de cómo un gobernador que hasta hace dos años era irreprochable, culmina su mandato empañado de sospechas y embriagado de tinte negativo a la hora de citarlo en encuestas de intención de votos presidenciables para octubre.
Fabián Grillo - egresado TEA
La provincia de Chubut es el claro ejemplo de cómo un gobernador que hasta hace dos años era irreprochable, culmina su mandato empañado de sospechas y embriagado de tinte negativo a la hora de citarlo en encuestas de intención de votos presidenciables para octubre. La figura de Mario Das Neves, el mandatario chubutense, no se menoscabó de la noche a la mañana, pues dio una balanza negativa su imagen al configurarse el segundo recuento de votos de las elecciones para elegir gobernador de su provincia, donde en primera instancia el postulado oficial Buzzi se impuso por 37,8 % contra 37,2 de su rival, el kirchnerista Eliceche.
Ahora bien: ¿porqué hubo un segundo recuento? Porque en la primera e hipotética “única” vuelta, el candidato del gobernador se habría alzado de gloria de un modo “non sancto”. Al acusar “hechos turbios” ante la Justicia, los kirchneristas tuvieron la potestad de reanudar los escrutinios voto por voto en Chubut. De esta manera, lo increíble en el Siglo XXI cobró vida y, vaya paradoja, el candidato perdedor en los primeros comicios resultó llevar la delantera una vez supervisadas nuevamente un porcentaje importante de urnas. En criollo y bien argento: el caso que está recorriendo los diarios latinoamericanos simbolizó un hecho a lo que el clamor popular denominaría “FRAUDE”.
Dándole rienda suelta a la memoria, se puede analizar que la última palabra que cierra el párrafo anterior, palabra que causa escalofríos en un estado democrático donde sus ciudadanos expresan libremente ideales vía cuarto oscuro, tuvo una historia nefasta y desteñida en la Argentina de la recordada década del ’80 (1880 – 1916), comprendida en los gobiernos conservadores de Julio Argentino Roca, Juárez Celman, Luis Sáenz Peña y su hijo Roque, entre otros. Fueron tiempos donde los gobiernos se elegían en fraudes patrióticos, en jornadas poco alegres para la libertad. La palabra poco grata renació desagradablemente una vez más en las elecciones de los presidentes de la década infame (post derrocamiento de Yrigoyen), dentro de la cual se destacaron Agustín Pedro Justo y Roberto Marcelino Ortiz, reemplazado por Castillo.
Por otra parte, en democracias endebles y poco fortificadas no es novedad que las acusaciones cruzadas de “mano negra” electoral estén a la orden del día. Los unos acusan a los otros siempre que la derrota (por más achicada que sea) se haga presente. Más allá de esto, es digna de elogiar la actitud de Néstor Kirchner tras caer en las legislativas 2009 frente a Francisco De Narváez, en una madrugada donde el caudillo santacruceño dio una lección democrática al reconocer que había “perdido por dos puntitos“, como lo enfatizó desde su estrado.
Artículos relacionados
- La victoria de Putín y su fórmula deportiva
- Condenados a votar
- Banca rota
- El hambre y las ganas de votar
- Pinedo: “En cuatro años el Gobierno sólo nos llamó dos veces”
- Macri, invicto en todas las comunas y con gran ventaja en los barrios del norte
- Juez: “Córdoba se convirtió en la segunda provincia de cocina de droga”
- Forster: “Macri es el político más protegido de la historia mediática argentina”
- Conclusiones de la elección en Capital
- ¿Por qué perdió Filmus (y por paliza)?
- Telerman: “El gobierno local tiene que pensar en la Ciudad, no en cómo oponerse de manera ciega”
- Sietecase: "Los medios son factores de poder pero no definen una elección"
- Berensztein: “Macri ronda los 38 puntos y ganaría en la segunda vuelta”
- Macri y su posible “inhabilitación” electoral
- “Mauricio sintió que no estábamos listos para un proyecto nacional”
- Macri: Vidal por Michetti


