Tras el crimen de Mariano Ferreyra, el joven militante del PO, lo que debería ser motivo de orgullo hoy despierta el temor. Sin embargo, para algunos, el joven que lucha por sus ideales representa una imagen negativa y un quiebre del orden social.
Clara Gonzalez Bunster/Carmela Cabezudo Sandberg - estudiantes TEA
Quizás es necesario instalar el siguiente interrogante sobre la militancia juvenil argentina: ¿Peligro para el militante o amenaza para el resto?
De izquierda a derecha
Federico Schujman tiene 18 años, comenzó a militar cuando tenía 14 siguiendo los pasos de su hermano mayor.”El fue unos de los fundadores del Frente de Estudiantes en la Lucha (FEL) que se fundó como un frente de agrupaciones de izquierda de mi colegio (Carlos Pellegrini) y tenían como objetivo primordial terminar con muchos años de conducción de la derecha.”explica Federico y asegura que su compromiso con la izquierda lo llevó a militar en el Partido Obrero (PO) y a asumir lo que esto implicaba:“La realidad es que cuando uno decide militar en una organización revolucionaria es consciente de que corre riesgo todo el tiempo. Siempre tuve en claro que desde el momento en el que uno interviene en este tipo de organizaciones va a hacerle frente a las represiones constantes del Estado.”
Desde el Encuentro por la Democracia y la Equidad (EDE), José Castro Videla de 21 años sostiene que los casos de violencia letal fueron poco frecuentes, pero no por eso menores: “Son casos muy aislados desde el comienzo de la democracia. Tiene que ver mas con formas de grupos sindicalistas que de políticos en sí.” Para José el peligro no existe, sino que es un pensamiento inculcado con un propósito específico: “El riesgo de la militancia es una idea que nos han querido imponer para que no nos metamos en política.”
Por otra parte, Pablo Codina de 22 años, militante del PRO, asegura haber sufrido agresiones principalmente en la etapa electoral. “Con las primeras amenazas estaba temblando, después te das cuenta que la militancia es así, y se te arma una coraza que hace que todo te resbale.” Pablo, también tuvo que pelear con el prejuicio que implica pertenecer a un partido de derecha: “Algunas personas me han acusado de facho simplemente por colocar un cartel del PRO. En el caso de los demás partidos muchos buscan generar tu violencia, por ejemplo ensuciando la vía pública con volantes nuestros, para que los vecinos nos acusen y nosotros reaccionemos violentamente.”
Mi hijo, el militante
En el caso de José, el problema es la discrepancia:“Vengo de una familia gorila que apoyó la dictadura. Hoy están a las puteadas porque milito para el EDE. No hay dialogo posible de política con ellos.”
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