Desde hace años los estudiantes de la UBA reclaman al Gobierno por el deterioro edilicio, las carencias de equipamiento y el escaso presupuesto que le otorgan a este sector. Las sedes en conflicto. *

Carolina Guzzardi - alumna TEA

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La crisis educativa pública no es un tema nuevo ni en la agenda de los medios ni en la sociedad argentina. Desde hace años los estudiantes de la Universidad de Buenos Aires reclaman al Gobierno por el deterioro edilicio, las carencias de equipamiento, la firma del tercer pliego de la sede de Constitución para unificar a las carreras sociales, la des jerarquización de los docentes y el escaso presupuesto que le otorgan a este sector.


Si bien las protestas por estos temas se venían realizando periódicamente, los efectos del declive se agudizaron el 12 de agosto pasado cuando explotó un vidrio en Hall centran de la sede más antigua de sociales ubicada en Marcelo T. de Alvear. “Fue la gota que renvalso el vaso. Hace años que venimos reclamando por un edificio único ya que las sedes se encuentran en peligro de derrumbe”, afirmo la estudiante de comunicación Pilar Muro.

 

A raíz de este hecho, decidieron poner punto final a las condiciones deplorables que padece la educación pública y se unieron estudiantes de todos los niveles para iniciar una protesta que constaba en la toma de los edificios de las facultades y colegios.”Decidimos tomar la UBA y que se dicten clases públicas en donde profesores y alumnos nos reuníamos en las afueras del establecimiento para continuar con las actividades y de esta forma no perder el cuatrimestre. Creemos que es el único método que tenemos para que el gobierno escuche nuestros reclamos”, comento Mara Pons, estudiante de sociología.


Las sedes en conflicto fueron:

 

Sociales (los edificios situados en Marcelo T de Alvear, Ramos Mejia y Santiago del Estero, última en construirse). El decano de la facultad, Sergio Caletti, si bien reconoció las malas condiciones edilicias, se mantuvo en contra de la toma e insistía en el diálogo con los estudiantes; calificando la medida adoptada como violenta y represiva, tras ser expulsado de la sede. El mayor reclamo de sociales fue que se firme el tercer pliego para finalizar con la construcción de la sede de constitución (ubicada en Santiago del Estero) y para que la “comunidad” de sociales se mude a un mismo espacio físico. Por otro lado, necesitaban un edificio que no esté en condiciones de riesgo de derrumbe.

 

Filosofía y Letras. Los principales reclamos estudiantiles también fueron de carácter edilicio. El decano Hugo Trinchero reconoció: “es obvio que hay problemas edilicios”, pero sostuvo que ya se construyeron cuatro aulas nuevas y se equipó la facultad. “Se quiere asemejar la problemática de infraestructura de la universidad con los problemas de financiamiento de las escuelas de la ciudad” declaró.

 

Ingeniería. El mayor problema se planteó con los planes de estudio debido a que, según los estudiantes, nunca fueron consultados sobre los cambios curriculares que se impulsaron y el plan de estudio fue aprobado por los profesores el año pasado en un bar de Villa Urquiza.

 

La otra cara

 

Las tomas de las sede de la UBA provocó una gran polémica no solo en los medios de comunicación y el ámbito de la política, sino también a nivel interno. Muchos estudiantes y profesores se mantuvieron en contra de las medidas e incluso algunas cátedras decidieron no dar clases hasta que se estabilice la situación.

 

Esta postura se explicó en que si bien los reclamos son justos prohibir el ingreso a la facultad no es la mejor opción debido a que se debe reclamar desde otro lugar, porque con esta medida se afecta a los mismos estudiantes, manifesto el profesor de semiótica José Luis Petri.


Durante el periodo que no se dictaron clases se realizaron diversas asambleas semanalmente para debatir sobre la continuidad de las tomas semana tras semana. En las mismas se confrontaban opiniones de aquellos alumnos que exigían la 
reanudación de las actividades. “Muchos no se dan cuenta que de esta forma vamos a perder las materias. Los partidos políticos de la facultad y aquellos que incitan a la toma no están actuando democráticamente porque le prohíben a muchos estudiantes, que si quieren cursar, ingresar al establecimiento”, explico Sofía Acosta, estudiante de Relaciones de Trabajo.

 

El fin de las tomas

 

Tras varios días de conflicto, de edificios tomados, protestas y la popular marcha en conmoración de “La noche de los lápices”, las escuelas secundarias de a poco fueron levantando la toma pero afirmaron que continuaran con las “jornadas de luchas”.


En el caso de las universidades el 
reinicio de las actividades demoró varios días y se produjo recién el 19 de octubre. Con más de dos meses de conflicto el gobierno se comprometió a que las carreras de Ciencias de la Comunicación y Políticas se muden el año que viene a la sede de Constitución.


Ante la pérdida de varios días de cursada las autoridades de la facultad resolvieron extender las cursadas,que en periodo normal finalizan el 30 de noviembre, para el 18 de diciembre y eliminar algunas de las fechas de finales que se dan habitualmente.


Las tomas a las universidades y colegios públicos cesaron, pero los estudiantes siguen luchando por un derecho innato que los gobiernos de turno aún no solucionaron. Durante este tiempo mucho se ha dicho sobre la educación pública, posturas a favor o en contra de las medidas adoptadas, pero lo cierto es que recobra importancia y preocupación porque es uno de los ejes centrales para el crecimiento de un país.

 

El gobierno responde

 

La presidenta Cristina Fernández se mostró de acuerdo con la forma de protesta de los estudiantes secundarios y declaró que “los chicos piden un plan de obra serio, lo que no parece mucho”.


Esta postura provocó diversas reacciones y polémicas, debido a que los estudiantes lo vieron como una falta de respeto ya que desde el Gobierno no se contribuyó en mejorar la situación: “Es una estafa de parte de la Presidenta hacer esas declaraciones. Quiere hacer demagogia con los chicos en su disputa electoral con Macri; las escuelas en las provincias con gobernadores K están en la misma situación de derrumbe” explicó un alumno. Por otro lado la oposición lo vio como un incentivo a los jóvenes a que continúen con esta medida calificada como “inapropiada”.


Desde el PRO se cuestionó la actitud de los estudiantes acusándolos de violentos, y de truncar con el derecho a protestar otros derechos ajenos, reafirmando que por su parte estaban en condiciones de dialogar.

En declaraciones a Canal 9, el jefe de Gobierno ratificó su desacuerdo con la protesta al sostener que los manifestantes “están equivocados” y criticó a sectores partidarios que no identificó manifestando: “empujan a los chicos a hacer un ingreso a la política de una mala manera”. Además consideró que la protesta estudiantil es una “práctica autoritaria, intolerante y de prepotencia”, ya que “el derecho a educarse lo tienen todos y lo están perdiendo”.

 

 



Palabras claves: UBA, crisis

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