Guillermo Blanco, codirector de Deportea, escribió sobre la elección del director técnico de la Selección de fútbol.

Guillermo Blanco - codirector Deportea

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Los que andamos lejos de la línea de cal por donde manda lo científico y en cambio gozamos por cualquier otro sector de la cancha por donde aflore lo coronario, pensamos un Mundial como la expresión máxima del fútbol de cada país para mostrar sus virtudes. Ahí vamos, y a eso. Como una gran feria de Frankfurt o de Sevilla, donde cada uno lleva orgulloso lo mejor de sí. Y en fútbol es lo mismo. A qué no sino a ver  corrida fulminante y centro si soy inglés, o marca tediosa y sufrimiento de ser italiano, o glamour estético y clase de ser francés, mientras otros como España van dejando la furia histórica y se acercan al grato sendero de la estética y al respeto sublime por la pelota como camino a la efectividad.
 
Y Argentina qué es lo que está mostrando en los últimos mundiales, acaso del ´78 hasta ahora. Desde aquella vez, después de un 74 con  goleada incluída ante Holanda, se logró revalorizar una historia vilipendiada que Menotti y una idea afin a la misma logró rescatar del naufragio. Convicción en la propuesta, compromiso en la búsqueda, respeto al calendario y vuelta a la prioridad nacional (había jugadores que por  entonces gambeteaban a una convocatoria, entre otros muchos Roberto Perfumo), fueron elementos sustanciales en la nueva Argentina futbolística. Después llegó el intocable ´´86,  donde -al decir del mismo Maradona y algunos más- ellos mismos, los jugadores, empujaron al técnico Bilardo para llegar al mejor puerto en México, con Diego como timonel, barco y océano.
 
 Y de allí en más las contradicciones permanentes invadieron cada concentración y presentación, con sus más y sus menos. Ya estaba claro que la desmenotizzación debía llegar a lo más profundo, y se profundizó una herida letal, avalada por el amiguismo del periodismo en el poder, que acompañó aquellas leyes de punto final y obediencia debida. Desde ahí, la modernización indicó que hay que elegir al futuro jugador por su capacidad física y no técnica, la priorización de pesas y otras yerbas en la preparación acaso para justificar el rol de muchos preparadores, y el avasallamiento del negocio sobre lo deportivo. Conclusión:  modelar un jugador tipo totalmente distinto al de antaño. Y entonces salvo excepciones confirmadoras de la regla vigente, no hay jugadores con la clase de antes ni demasiados entrenadores y o seleccionadores con la cabeza abierta más hacia las virtudes del pasado y al respeto de una manera de jugar y de vivir.
 

Entonces antes de pensar en el nuevo DT de la Selección, el sexteto mayor (en realidad, por debajo de Grondona padre) tendría que profundizar mucho más que en si Batista sí o no, debería hurgar con responsabilidad y equilibrio en el pasado para poder construir un fútbol abarcativo tan digno como lo soñaron los Sastre y Moreno, Di Stéfano y Pedernera, Rojitas y Ermindo Onega, Bochini y Alonso, Corbatta y Houseman, Kempes y Maradona, Riquelme y cuesta decir Messi. Porque si bien Lionel fue parido en Rosario, por proceso escolar pertenece más a La Masía catalana, justamente el lugar donde más han copiado lo mejor de lo nuestro para decidirse a hacerse grandes ellos, con copia a toda la España futbolera. Y vaya si lo lograron… 

 



Palabras claves: Selección, Batista

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Hay 1 comentario/s en este Articulo

Fabian

2010-11-03 11:40:43



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