Entre tantas reacciones humanas, sin dudarlo un segundo, me aferro de manera romántica a la lealtad de un pueblo hacia una mujer herida. No es más, ni menos, que otra historia de amor. Ese es mi punto de conexión con la impactante noticia. *
Juan Butvilofsky - egresado DeporTEA
El alarido se pareció a un grito de gol, aunque esa garganta anónima, que se desgarraba en algún balcón de mi calle, celebraba la muerte del ex presidente. Un instante después del trueno, que hizo temblar la quietud de la mañana soleada, resonó otro estruendo. Otra garganta alienada respondía a esa afrenta vomitando insultos… Supongo que esa discusión de sordos no es la que nos define como sociedad; descuento que es la raíz de muchas de nuestras penurias…
Cuando compartí el dolor que me causó esa vivencia traumática, recibí respuestas de todo tipo. Algunas voces justificaban la ira del primer vecino. La reconocían como hija de una manera de hacer política. Mi devolución a ese argumento fue un sentimiento genuino. La compasión por el prójimo, incluso por el que transita un camino distinto al que consideramos atinado, es lo que enaltece a nuestros espíritus. Se trata de sensibilidad superadora, que serena, y que además genera un efecto en cadena… -Ni alegría ni tristeza, indiferencia-…, me confesó otra jovencita, al atender mi relato… La indiferencia nos convierte en rehenes de las decisiones de otros. Cuando el tiempo imperturbable se lleve al dolor y a los protocolos, renacerá lo mejor y lo peor de la dirigencia.
Participar desde el lugar que nos toque nos hará mejores. Todos tenemos mucho para dar… Esa fue la idea que compartí con mi amiga… Desde aquel alarido hiriente hasta hoy han aflorado diversas conductas. Entre tantas reacciones humanas, sin dudarlo un segundo, me aferro de manera romántica a la lealtad de un pueblo hacia una mujer herida. No es más, ni menos, que otra historia de amor. Ese es mi punto de conexión con la impactante noticia. Es, al fin y al cabo, la escena cumbre de la película de nuestras vidas… El dolor a flor de piel de la enamorada junto al cuerpo de su amante, más la pena de la multitud que también se tradujo en lágrimas, silenciaron a esos truenos que laceraban mi cabeza.
En el aire flotan buenas nuevas. Quiero abrazarme con esa energía. Intuyo que el gran duelo criollo, la circular discusión de sordos, está próximo a su epílogo. Este suceso se asemeja, por qué no, a otra épica gesta deportiva. De volver a escucharnos, y a conmovernos. Ese sería el título perfecto para esta apasionante página de la fábula argentina.
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