En nuestro país no se está teniendo en cuenta la función esencial de este profesional porque se privilegian intereses económicos. Tres especialistas opinan sobre el tema.

Melody Altmann - estudiante TEA

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Desde aproximadamente 20 años, se presenta en la Argentina una importante tensión dentro del ámbito farmacéutico. Desde la década del noventa, empresas capitalistas mexicanas decidieron radicarse en el país con el objetivo de comercializar sus productos a precios más bajos. Estas compañías seguían el modelo de su país de origen y no respetaban las normas que se establecieron en el colegio farmacéutico argentino. Ellas solo utilizaban el título del profesional y su firma para poder vender sus medicamentos de forma legal, dejando de lado  la función esencial del boticario.

 

El Decano de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, Dr. Alberto Boveris, explicó: “El objetivo del farmacéutico es dispensar los medicamentos según la orden médica y actuar como un consultor de salud del paciente. Entonces, nosotros nos alineamos en la posición de que cada farmacia debe tener un farmacéutico que esté durante todo el tiempo mientras el  comercio  esté abierto. El profesional debe estar disponible para ser consultado  dando en primer lugar, precauciones e  indicaciones sobre el mejor uso de los medicamentos y  en segundo lugar, aconsejando al paciente sobre las formas farmacéuticas más adecuadas y baratas”.  

 

 

 

 

Por su parte,  el Dr. Luis Goldberg, médico y titular de una farmacia en  la localidad de Lanús, denunció: “En las cadenas de la  Capital,  el farmacéutico no deja de ser un empleado más. No es el responsable económico y tengo mis dudas con respecto a su responsabilidad profesional. Tanto es así que en muchas de esas cadenas, el farmacéutico no suele estar en el comercio, por lo que considero que no se hace un control en forma debida de estos temas ya que en la realidad en muchas de esas farmacias, sobre todo en horarios tempranos de la mañana o más tardíos de la tarde, no suelen haber farmacéuticos que controlen nada”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la Ciudad de Buenos Aires, el Ministerio de Salud Pública es quien decide qué farmacias habilitar, de qué manera y cuántas acreditar. El Secretario del Consejo General del Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital Federal, el Dr. Marcelo Daniel Peretta, explicó que las farmacias del “Dr. Simi” y las del “Dr. Ahorro”, de origen mexicano, distan mucho de ser una farmacia ya que no siguen el modelo que ese colegio comparte. De esta forma afirmó: “Nosotros hicimos saber a las autoridades sobre este problema pero  ellos privilegiaron la idea de desarrollar fuentes laborales. La respuesta del Ministerio fue que habían apoyos “políticos” desde “más arriba” que hacían que esta  situación fuera aprobada”. 

Luego comentó que actualmente el 75% de las farmacias del país pertenecen a personas no farmacéuticas, es decir que  medianos o grandes empresarios son sus dueños. En este escenario, el boticario se encuentra en una relación de dependencia con el capitalista. Sin embargo, Peretta aseguró que la figura del farmacéutico no está desapareciendo sino que se está atravesando una oportunidad para que resurja nuevamente.

 

 

 

 

En los tiempos modernos, la gente mal usa los medicamentos ya que los usa por demás, los mezcla, se automedica, no consulta a los profesionales ni cumple con los tratamientos prescritos. De esta manera, se hace sumamente necesaria la presencia del boticario quien estudió cinco años de su vida para especializarse en esta tarea. Así,  él es uno de los pocos que puede ayudar a revertir esta situación y por ello su figura debe ser siempre tenida en cuenta cuando se realicen las políticas públicas.


“Una ley polémica”

En el mes de septiembre del año 2002 el ex Ministro de Salud,   Ginés González García, dio iniciativa a  una ley que más tarde sería promovida: la  25.649, mejor conocida como “la ley de los medicamentos genéricos”. Aquí, se establecía que en  la receta se   debía nombrar al remedio por su nombre genérico ya que de esta forma en la farmacia, se podían ofrecer similares medicamentos de menor costo, que contuviesen la misma droga requerida.


Esta situación trajo consigo un gran problema. En las grandes cadenas extranjeras se vendía el medicamento “diluido” por ello el costo era mucho mejor. Es decir, se vendían la misma cantidad de unidades pero su concentración química era mucho menor. Esto provocaba grandes inconvenientes ya que por ejemplo, cuando se debía tomar un antibiótico por una semana, no se combatía  de forma correcta la enfermedad y  producía a la larga una resistencia bacteriológica. 

 

El Dr. Luis Goldberg explicó que existen genéricos de distintas procedencias: “Hay productos que son copia del original, con autorización del laboratorio, por lo que la calidad es la misma. Luego está la copia sin autorización, en donde ya la calidad empieza a mermar y finalmente están los que son únicamente la droga sin marca comercial. En general en el país, hay pocos genéricos; pareciera que fueran genéricos por la droga, pero se comercializan con una marca que el laboratorio les da”, comentó el profesional. 



Palabras claves: farmacias, farmacéuticos, polémica

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