El ex jefe de Gabinete expuso sus diferencias con el Gobierno respecto al manejo del conflicto por la venta de Papel Prensa, la estatización de las AFJP y la sanción de la Ley de medios, la que asegura que “conduce exactamente a todo lo contrario que dice querer promover”. *
Ana Cabral - sitio egresados TEA
En una entrevista con Política Argentina, el ex jefe de Gabinete dejó expuestas sus diferencias con el Gobierno respecto al manejo del conflicto por la venta de Papel Prensa –“no hay necesidad de inventar una historia macabra”-, la estatización de las AFJP y la sanción de la Ley de medios, la que asegura que “conduce exactamente a todo lo contrario que dice querer promover”. Además, aclaró que “nunca” dejó de colaborar y concluyó: “Si al Gobierno le va mal, me va mal a mí”.
-¿Cómo ve que se esté manejando el conflicto por la venta de Papel Prensa?
-De modo confuso porque todo parece ser una pelea con alguien. Si lográramos hacer abstracción indudablemente es preocupante tener un sólo productor de papel en la Argentina. Pero la democracia quiso crear otra productora de papel de diario que fue Papel de Tucumán. Se le dieron promociones industriales impresionantes para que se instale y se constituya pero terminó haciendo papel de cualquier especie menos de diario. Luego se le quitaron todas las promociones industriales y entró en quiebra. Cuando se recuperó la empresa se les puso la condición de que no hagan papel de diario porque evidentemente era un mercado costoso y cerrado. Incluso muchas veces es más conveniente importar papel que comprárselo a Papel Prensa, porque los costos internacionales son menores. Hay otra realidad y es que en Argentina se vende menos de un millón de diarios por día en todo el país. Clarín y La Nación deben tener el 30 o el 40 por ciento de esas ventas por eso es razonable que tengan un precio diferencial. Yo estoy de acuerdo en reglamentar la producción y venta de papel de diario, pero eso no tiene nada que ver con declararlo de interés público. Para eso el Gobierno debe aplicar las leyes de competencia y antimonopólicas que existen. No hay necesidad de inventar una historia macabra del momento de la compra ni de poner a un payaso con guantes de box en las asambleas.
-Entonces considera que lo que plantea el oficialismo sobre la venta de Papel prensa no es verdad.
-Creo que a partir de datos reales se construyó una historia a su antojo. Pasaron 27 años y nunca nadie habló de esto. Y a mí el argumento de que tenían miedo me suena bastante falaz. Porque cuando tuvieron que demandarle al Estado 128 millones de dólares lo hicieron sin ningún temor. La primera publicación que se hizo sobre el tema de los medios en la dictadura se llamó La prensa canalla y trajo muchos problemas legales. Yo fui el asesor jurídico de esa publicación y el que denunció a Aníbal Vigil por ser copartícipe de las privaciones ilegales de libertad. Y Vigil, dueño de la editorial Atlántida, terminó procesado, con prisión preventiva y zafó porque se murió. En el año ’85 escribí un libro sobre el juicio a los comandantes. Yo fui quien siguió el capítulo dedicado a los delitos económicos que se ventilaron en el juicio. Y vi pasar ahí los casos y todos se vinculaban con los Graiver. ¿Por qué no estaba Papel Prensa? Tener como única fuente de información a un personaje tan oscuro como Osvaldo Papaleo es un tema muy complicado. Lo único que sé es que pasó un mes y la denuncia no está hecha. Si esto ha ocurrido que se investigue y si esto ha pasado que se sancione a quien corresponda, y también a los que falsifican la verdad. Tengo mucho respeto por los que han militado por la defensa de los derechos humanos en la dictadura y precisamente por ese motivo hay que tener cuidado cuando se hacen ese tipo de afirmaciones.
-¿Cree que el Gobierno va ahondar la idea de ir en contra de las corporaciones como proyecto para las elecciones en el 2011 o le parece que esas actitudes son sólo destellos de medidas progresistas?
-Las peleas contra las corporaciones las creo poco porque el kirchnerismo no para de crear otras, por ejemplo el grupo Szpolski. Son alternativas aunque menos eficientes. Las corporaciones no son ni buenas ni malas, son un fenómeno de la realidad moderna. Gran parte de las corporaciones alternativas surgen con el dinero del Estado. Y no abro juicio de valor sobre nadie. Pero semejante inversión de los recursos públicos para vender un diario que vende 6 mil ejemplares en todo el país es para pensarlo seriamente. Lo que sí me parece muy saludable del Gobierno es que ha puesto en tela de juicio la credibilidad de los medios, que antes eran un espacio de la economía Argentina que nadie tocaba ni revisaba.
-La ley de medios, que por lo menos molesta a ciertos grupos de poder, ¿quien la saca después de perder una elección, un loco o un estadista?
-La verdad es que la ley hacía falta pero estuvo más motivada por el odio que por la razón, pero eso ya importa poco. Espero que lo bueno de la norma no se pierda por los errores que tiene. Hay que democratizar los medios y pluralizar la oferta. Pero dudo que este sea el camino. Porque para que los medios existan hace falta una inversión, y la pregunta es cuánto van a invertir con esta norma. Me parece que la ley conduce exactamente a todo lo contrario que dice querer promover. Y no es por mala fe, sino que creo que no se ha tenido en cuenta un aspecto económico. Los medios no viven de los diarios que se venden, viven de la publicidad. Hay que poner la discusión en un punto exacto. Hace falta una nueva ley de medios, democratizarlos y establecer un banco regulatorio que garantice que todos tengan oportunidad, si hay una sola empresa productora de papel. Pero lo teórico tiene después que congeniar con la realidad. Porque esto funciona en tanto y cuanto alguien ponga mucha plata para que exista. Es para que los demás sigan creyendo en el sistema de medios para seguir publicitando allí.
-En una entrevista telefónica con Política Argentina usted sostuvo que lo que no le simpatizaba del Gobierno era su estilo confrontativo. ¿Cómo se interpela a un medio masivo sin la confrontación?
-El tema de la ley de medios es un conflicto de la Argentina. Si se sanciona pensando en Clarín estamos en un problema, tiene que servir para democratizar el acceso a la información. Obviamente cuando se intenta llevar adelante una medida de esta naturaleza, indefectiblemente te enfrentás con los medios. El problema es que, para muchos, la ley pareciera tener un sólo destinatario, que se llama Clarín. Ésa no es una lucha de intereses, es una pelea con un medio. La ley de medios tiene aspectos valiosos, ya que le faltaban datos de la modernidad de las comunicaciones y no pensaba democráticamente. Tanto es así que el Comfer estuvo siempre intervenido. No había duda de que había que cambiarla. El tema es cómo y para qué se cambia. Este debate se puede dar seriamente, pero hay que darlo teniendo en cuenta la realidad económica. Los medios tienen ideología, han sido hechos para influir, y en la actualidad además son un negocio que se han abroquelado en grupos por un sentido económico.
-¿No es un error conceptual llamar “medios de comunicación” a algunos grupos económicos?
-Los medios de comunicación se agrupan por una cuestión de economía. No es verdad que alguien crea un grupo de medios para influir en la sociedad, lo hacen para ganar plata. Las radios, canales de televisión, un diario, etcétera, son los instrumentos que tienen para recaudar. Además pueden influir negativamente y distorsionar la realidad. Hay que tener en claro que los medios de comunicación en esencia no son información sino divertimento. Sólo un 10 por ciento está dedicado a la información. En la Argentina los diarios son el cuarto canal de información. Pensar que a un Gobierno le va mal por culpa de un medio es una zonzera de magnitud. Les va mal porque tienen malas políticas. Y lo que ocurre es que si ofrecen el flanco de las malas políticas los medios, si no te quieren, lo pueden potenciar.
-Desde la oposición, además de enfatizar las deficiencias del Gobierno, ¿cree que señalan falsedades como por ejemplo que “estamos aislados del mundo”?
-El tema del supuesto aislamiento tiene que ver con que Argentina, a diferencia de otros países latinoamericanos, hace mucho tiempo que ha dejado de recibir inversiones. El aislamiento nunca es político ni diplomático. Cuando eso pasa es que ya hay una situación de mucha crisis. Entonces es razonable que la Presidenta viaje y sea atendida por todos los líderes del mundo. Después, nos podemos poner a discutir por qué no recibe inversiones. Tal vez hay una parte de crisis mundial que no se cuenta y hay una parte de errores propios que se potencian.
-¿Cuáles son los errores del Gobierno?
-Con la gente le va mal y no es porque sus medidas, sino por los modos que utiliza. Yo no creo que la clase media tenga un problema con los “morochos” como dice la Presidenta. La clase media vive preocupada porque la marginalidad desaparezca y se incorpore a la sociedad, porque la padece, no la disfruta. Ese sector está enojado con el Gobierno por la inflación no atendida y negada, o porque dicen que la indigencia en Argentina es del 1 por ciento. Se enojan con la inseguridad y con los casos de corrupción. La clase media no es sólo la que salió a las calles después del corralito, sino que tiene muchos componentes: gente que trabaja en el comercio, empleados públicos, bancarios, profesionales independientes. Están más en la calle que en los countries. Yo no te puedo negar que hay sectores sociales que si el “morocho” hace un desmán dicen que es un “negro de cuarta” y si no “son pibes que tomaron más de la cuenta”. Son estigmatizaciones que no tienen que ver con la clase media, sino que provienen de otros ámbitos que generalmente están más influidos por cierta ideología que los hace ser recalcitrantes cuando dicen una cosa así. Interpelar a los sectores medios por eso es un espanto. Te lo dice un tipo que dijo que la ciudad de Buenos Aires vota como una isla y me generé la bronca de todos los porteños.
-¿Y dónde se originó el enojo de clase media?
-Se originó con el conflicto del campo. Porque detrás de ese enfrentamiento hubo un montón de reclamos implícitos. El error del Gobierno fue no haberse dado cuenta de eso. Los que estaban en las calles de Buenos Aires golpeando las cacerolas estaban protestando por otra cosa. Usaban la soja como emergente.
-¿Y si lo vemos al revés? ¿Que ellos eran usados por los sojeros?
-En las ciudades puede ser, pero en el interior no fue así. Nosotros desde el año 2003 en adelante siempre perdimos en las grandes ciudades. Y lo que perdíamos allí lo compensábamos con los votos del interior. Ahí perdimos los votos del interior.
-¿Cómo se ubica en torno al kirchnerismo en este momento? ¿Por dentro o por fuera?
-Yo me ubico exactamente en el mismo lugar que llegué. Y lo que más quisiera es que al Gobierno le vaya bien, porque no tengo diferencias con los temas centrales que plantean sino con las formas con que implementan las cosas. Creo que uno de los hallazgos del Gobierno, y ahí le asigno mucha responsabilidad a Néstor y a Cristina, ya que ellos vieron lo que yo no vi, fue el momento en que estatizaron los fondos de pensión. Fue una extraordinaria decisión de ellos, pero ¿había necesidad de realizarlo con esos argumentos? Cuando se lanzó esta medida yo estaba en el exterior y me torturaron con preguntas porque decían que ellos se habían apropiado de los fondos. Y entonces yo explicaba lo que yo sabía sin conocer lo que había dicho la Presidenta. Cuando yo lo hacía, demostraba que la estatización de los fondos era una cuestión de sentido común, no una cuestión ideológica. Pero como el discurso fue que “el capitalismo había muerto” y que “el neoliberalismo estaba destrozado”, era un mensaje muy confuso. Porque la decisión de lo que pasaba con el ahorro y jubilación futura tenía que ver con una cuestión evidentemente de sentido común. Si lo planteaba como un tema ideológico era muy grave.
-¿Cómo se va a ubicar respecto a las próximas elecciones presidenciales?
-Lo que más quisiera es que este proceso que empezamos en el 2003 se pueda reencausar y que pueda reconciliarse con muchos sectores de la sociedad.
-¿Considera una eventual vuelta al kirchnerimo?
-Yo nunca dejé de colaborar. Yo no me fui ni con los del peronismo federal que piden la amnistía de los genocidas, ni con los payasos que van a la Sociedad Rural. Sigo en el mismo lugar. Pero quiero tener el derecho a decir “me parece que están equivocados”. Porque además, cuando planteo todo esto, lo hago con la certeza de que si nuestro error es grave podemos dar lugar a que llegue gente que haga que el país retroceda muchos años. Están quienes me dicen que diciendo esto soy funcional a la derecha, pero creo que lo que digo es que hay una visión alternativa a la que existe dentro de la lógica progresista. Y si me callo estoy habilitando a que digan “los progresistas son una banda de tipos que callan los errores por mantener un cargo”. Eso es lo que fortalece a la derecha, no lo que yo hago. Digo todas estas cosas desde la sensatez, desde la vocación de que corrijamos cosas. Yo no tengo una alternativa. Si al Gobierno le va mal, me va mal a mí.
-¿Cree, como dicen algunas encuestas, que Néstor Kirchner puede ganar las próximas elecciones presidenciales?
-No, así como estamos no puede ganar. Y yo no vi ninguna encuesta que diga eso. El escenario del presente es igual al del 2009. Hay una sociedad dividida en tercios. Uno que es el del progresismo radical, otro el de la derecha de Mauricio Macri, Francisco De Narváez, Eduardo Duhalde, y finalmente uno para el progresismo del kirchnerismo. En una segunda vuelta nos va mal.
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