Miguel Ángel Size tiene 50 años y hace 5 que vive en la calle. Sus ojos verdes transmiten cariño y tiene una relación amistosa con la mayoría de las personas que pasan a diario por su espacio. Hace ocho meses mudó sus escasas pertenencias a la Avenida La Plata, justo al lado de la Iglesia del Colegio Calasanz. Este es su testimonio.
Laura Soledad Pazzi - alumna TEA
“NADIE VA A LLEVAR ESTA VIDA PARA HACER UNA PANTALLA”
En el barrio todos lo conocen. Se dice mucho de él; los vecinos hablan salpicados por la curiosidad y exageran: que una mujer dejó su casa para irse a vivir con él a la calle, que en realidad él terminó en esa situación porque presentía que su mujer lo engañaba. y prefirió estacionarse frente a su edificio para controlar a los hombres que frecuentaban el lugar, que las adicciones lo trasladaron a la intemperie. Según él, nada de aquello es cierto. Miguel Ángel Size (o como dice él, “Tamaño”, que es la traducción al castellano del apellido) tiene 50 años y hace 5 que vive en la calle. Sus ojos verdes transmiten cariño y tiene una relación amistosa con la mayoría de las personas que pasan a diario por su espacio. Hace ocho meses mudó sus escasas pertenencias a la Avenida La Plata, justo al lado de la Iglesia del Colegio Calasanz.
-¿Por qué creés que te trata bien la gente del barrio?
-Porque no fumo, no tomo, no me drogo, no tengo esposa ni tengo marido. Soy más bueno que la Avena Quaker y quiero a la gente, hasta a mis propios enemigos, porque si no los quisiera estaría como muerto en vida, no tendría ningún motivo para tener un poco de preocupación.
-¿Cómo terminaste viviendo en la calle?
-Tenía un galpón acá en Capital. Una vez, me fui a la provincia por unos días a hacer un trabajo y cuando volví me encontré a todos los drogadictos de la otra cuadra adentro del galpón, me habían tomado el lugar.
-¿No podías hacer nada?
-Hice un juicio. Hicieron un allanamiento y el secretario del juez me dijo que no podía hacer nada porque los drogadictos eran inimputables, insolventes, que no se les podía cobrar y que yo tenía que empezar de nuevo, aunque no pudiera tener enseguida la posición económica que tenía antes.
-¿Qué hiciste al enterarte de todo esto?
-Aguantar. Soy una persona que tiene mucha voluntad, estudié muchas cosas: soy técnico industrial electromecánico (egresado del Huergo), dibujo, pintura y escultura; guitarra, canto, composición musical, arte escénico, inglés, radio y televisión, transmisión, amplificación... y soy autodidacta. Con todos los conocimientos que tengo, puedo enseñarme a mí mismo progresivamente conocimientos más elevados para tener cada vez mejor criterio y noción de lo que pasa. La calle es muy difícil y muy fácil.
-¿Qué es lo fácil?
-Hay gente buena que te abre el camino, no sólo porque te brinda algo material, sino porque psicológicamente te hace sentir bien, por la comprensión. Me hacen sentir como si tuviera una gran familia, suplen la falta de familiares
-¿Y lo difícil?
-Hay mucha gente en la calle -ahora cada vez más- por el asunto de la droga, el paco y el alcohol. La mayoría de ellos no trabaja ni puede trabajar en nada, porque su cabeza está fuera de la realidad. Están debilitados por la droga, entonces recurren a sustraer o hurtar cualquier cosa que pueda darles algo de ganancia para ir a la villa comprar la mercadería.
-¿Alguna vez te sacaron algo a vos?
-El otro día me llevaron el bolso completo con shampoo, acondicionador, desodorante, jabones, esponja y dentífrico que había comprado en ese momento para ir a bañarme al polideportivo de la plaza Martín Fierro. Había ido a una cuadra de acá a comprar fiambre y pan para hacerme un sándwich, volví a los 15 minutos y estaba todo abierto.
-¿Son muchos los grupitos que roban por acá?
-Hay como 7 ó 10 en este lugar. En cuanto me descuido, pasan y tantean las bolsas que tengo y si ven que hay algo más o menos bueno, lo agarran y se van. Lo llevan para vender en la villa y así me dejan sin cosas, me roban de un lado y del otro.
-¿Los conocés?
-Sí, son pibes jóvenes, pero si yo me peleo con ellos y los golpeo, después a los 3 ó 4 días, vienen al a madrugada mientras duermo con esos hierros de obra gruesos y me rompen el cuerpo y el cráneo a golpes. Se vengan de esa manera.
-¿Alguna vez te pasó?
-Le pasó a un conocido. Le dieron con caños de gas gruesos y le rompieron las piernas, los brazos y la cabeza. Lo tuvieron que internar y estuvo como dos meses adentro. Se salvó porque el cuerpo de él aguantó, porque sino iba a quedar paralítico o iba morir.
-¿La Policía no se encarga de prevenir eso?
-En la Seccional 10ª me conoce todo el mundo. Cuando vienen, me saludan, paran el coche, me preguntan si estoy enfermo o si necesito algo, que cualquier cosa me comunique con ellos en la comisaría que me van a venir ayudar.
-Hablaste de que esa gente que te trata bien es tu familia. ¿Tenés algún pariente biológico?
-Tengo familiares importantes. No los molesto a ellos porque pienso que cada uno tiene que resolver sus problemas por su cuenta, más si soy una persona adulta, con estudios, capacidad y buena voluntad. Tengo una hermana que está en muy buena posibilidad económica; sin embargo no le pido nada porque el dinero me lo tengo que ganar yo con mi trabajo, no obligar a otras personas a pagar mis gastos.
-¿Su hermana qué dice al respecto?
-No sabe que vivo en la calle, cree que vivo con un amigo en una pieza. Ella es escritora del ciclo de escritores argentinos y es una mujer muy sensible. Si supiera, lloraría, se sentiría culpable. Y ella no es culpable de nada.
-Tampoco vos.
-El hombre es hombre, tiene que soportar todo.
-¿Las mujeres, no?
-Hay mujeres que soportan y otras que no. Lo mismo con los hombres: algunos no tienen dinero y van a robar, toman un arma, dañan. Pero esos son los que generalmente tienen malos sentimientos y poca educación y cultura. Si uno es un hombre bien educado, que aprendió bien los códigos de la vida, no va a agredir a alguien para sacarle
-¿Vos no tenés ningún vicio?
-Yo soy adicto a la vida sana. Algunos que no me quieren o no me conocen dicen que tengo todo esto puesto en la calle para hacer un cartel, pero que en realidad, por las noches, vendo droga a todo el mundo. Los que venden tienen buenos coches, buenos departamentos, como si fuera la mejor de las personas con una buena posición económica. Nadie va a llevar esta vida para hacer una pantalla.
-¿Y la gente que te quiere?
-Yo nunca pido nada a nadie, pero la mayor parte de la comida la recibo de los vecinos o voy a las parrillas, panaderías y pizzerías, los dueños me regalan de todo porque les sobra comida y saben que no gasto ni en droga ni en alcohol, entonces dicen que me la merezco. Una vez vino una mujer de unos 40 años y me dio 50 pesos para que me comprara comida. Tiempo después, encontré en mi caja de zapatos, donde guardo todos los papeles, un sobre con dinero dentro. En ese sobre había la cantidad de mil pesos. Para mí.
-¿Quién se los dejó?
-Ella. Al año la vi y le agradecí por todo lo que había hecho por mí, y confirmé que era ella porque me preguntó en qué había gastado la plata.
-¿En qué la gastaste?
-Me duró como 6 meses o más. Cuando necesitaba algo que no podía conseguir, me compraba alguna cosa. A un adicto de acá, esos mil pesos no le duran nada, porque lo gastan en droga. Yo soy muy ahorrativo. Mis amigos, cuando me escuchan hablar de mis proyectos, me dicen que deliro. Se sienten mal porque yo soy muy positivo.
-¿Cuáles son tus proyectos?
-Si yo ahora puedo trabajar fuerte, voy a juntar cinco mil pesos para comprar un Renault 4L para poder llevar en mi trailer 400 kilos de cartón. Así lo cargo todo, cada dos días lo llevo para vender y voy juntando dinero.
-¿Con todo lo que estudiaste, no podés trabajar de algo que se relacione a lo tuyo?
-Es un poco difícil trabajar en relación de dependencia. Hay trabas por la edad, por ejemplo. Las obras necesitan oficiales electricistas. Yo ese trabajo sé hacerlo bien, pero ahora hay muchos contratistas bolivianos y paraguayos que toman extranjeros porque cobran menos. Al argentino, si está en blanco, le tienen que pagar 140 pesos por día, en cambio a ellos, 80.
-Dijiste que sabías pintar y hacer esculturas también...
-Sé pintar, dibujar, tallo madera muy bien. Trabajé como artesano, pero te da poco dinero, los cartones dejan más. Cuando voy a vender un carro de cartón con 350 kilos, me dan 270 pesos por carro. Puedo trabajar bien así: me sacrifico pero la plata la recibo en la mano toda junta.
-Imagino que te gusta leer.
-Me gusta leer la Biblia, porque veo cómo pensaba la gente hace 2000 años.
-¿Te sirve de algo?
-Para comparar cómo piensa la gente ahora y cómo pensaba antes. También para ver que las ediciones de las Biblias se van modificando para que coincidan con el tiempo en el que se habita.
-¿Sos creyente?
-Sí, creo que algo superior hay.
-¿Y sos feliz?
-Soy feliz porque estoy vivo, sano y fuerte. Porque soy libre y puedo pensar de una manera buena, sin rencores ni odio hacia los demás. Me doy cuenta de que soy feliz, no estoy diez horas haciendo algo que no me gusta o que perjudica a los demás para enriquecerme o satisfacerme yo, entonces me siento bien. Claro que no es muy bueno vivir en medio de la calle, pero el hombre cuando surgió en la tierra, vivió en las cavernas y en lugares abiertos, y llegó a hacer todo esto que hizo en el mundo. Si yo estoy aquí, viviendo en esta sociedad, tengo que hacer mil cosas más de lo que hicieron esos hombres para llegar a esto, por todas las facilidades que puedo tener por vivir en este presente.


