Ella termina su cortado en una confitería de San Telmo, envuelve una medialuna con servilletas de papel, y explica que nunca desperdicia la comida porque siempre encuentra alguna persona que la pueda necesitar. “El que no vivió el hambre no puede entenderlo”, razona.

Mariana Mutti - estudiante TEA

Compartir: 

Ella termina su cortado en una confitería de San Telmo, envuelve una medialuna con servilletas de papel, y explica que nunca desperdicia la comida porque siempre encuentra alguna persona que la pueda necesitar. “El que no vivió el hambre no puede entenderlo”, razona con una mirada perdida que parece trasladarla a un pasado, que aunque sea lejano sigue presente cada día.

Solvejg Ingrid Bernsdorff, de ella se trata, nació en un país báltico de la ex Unión Soviética, emigró a la Argentina y tomó los hábitos que luego abandonaría para casarse con un cura. Durante su infancia se escondió con su madre en un panteón, pasó por un campo de concentración y tuvo que huir de los comunistas rusos tras el secuestro de su padre.

 

Ingrid, como la llaman habitualmente, practicaba la religión luterana hasta que llegó a la Argentina, en 1951, a los 8 años, y comenzó su relación con el catolicismo.

Hizo la primaria como pupila en una escuela de monjas en el barrio de Balvanera, se bautizó, tomó la comunión y en su juventud tenía la idea de pasar el resto de su vida junto al muchacho con el que se había comprometido y de quien estaba profundamente enamorada.

Sin embargo, cambiaron durante un trabajo solidario en una villa, cuando Ingrid descubrió que quería “ofrecer cuerpo y vida para que no haya más hambre ni dolor”. Fue por eso que decidió abandonar a su novio para entregarse plenamente a Dios.

Pasó nueve años en una congregación de origen italiano cuyo nombre prefiere preservar, donde trabajó con el sacerdote Luis Fernando Rivera Cruz, primer doctor en Sagrada Escritura de Latinoamérica, y su antiguo profesor de la educación secundaria, con quien se casaría poco tiempo después.

Yo no me había dado cuenta de que él se había enamorado de mi, las otras monjas se reían porque era la única que no lo veía”, cuenta entre risas, mientras habla sobre el momento en que decidió formar una familia con él.

Ni Luis ni yo dejamos los hábitos por la relación, sino por la idea que ambos teníamos de generar una Iglesia doméstica”, resalta, al explicar por qué renunció al modo de vida que había elegido.

Ingrid y Luis contrajeron matrimonio el 18 de diciembre de 1971, en una ceremonia a puertas cerradas, ya que los novios eran muy mediáticos y la repercusión del casamiento había sido fuerte en la Iglesia Católica, que intentó retenerlos.

Cada uno trata de dar lo mejor que cree, de lo que está convencido”, justifica la mujer que nunca tuvo rencor hacia la Institución.

La necesidad que sintió Ingrid de ayudar a los demás al iniciarse como monja, está estrechamente relacionada con las carencias y dolores que atravesó en su vida, desde que abandonó Letonia, el país que la vio nacer en 1943.

Durante su niñez viajó por Alemania y Austria para escapar del régimen comunista que revolucionó a su país, por lo que padeció hambre, frío y desolación. “Mi mamá me dejó cuatro días sin comida como castigo por haberme comido los alimentos de cuatro personas”, recuerda, tras haber aprendido a valorar el pan, el agua y la solidaridad desde la experiencia.

Tuvo que vivir 17 días en el panteón de un cementerio, y aunque tiene pocos recuerdos negativos de ese momento, retiene una anécdota que todavía le provoca escalofríos: “De noche mamá bajaba unas cajas para dormir y de día las subía: después descubrí que eran ataúdes”.

Ingrid también se estremece al contar que en Berlín, cuando apenas tenía un año, fue privada de su libertad en un campo de prisioneros soviético, del que pudo escapar gracias a que su madre estaba embarazada.

Ella sólo puede hablar de aquellos recuerdos en base a los relatos de su madre, ya que era muy pequeña para recordarlo. Sin embargo, tampoco está interesada en conocer más. “Mamá nunca quiso darnos más tristezas de las que ya tuvimos”, dice en reiteradas ocasiones para evadir las preguntas.

Al hablar del secuestro de su padre, los ojos le brillan y la seriedad de su cara se transforma en una gran sonrisa y explica, llena de motivación, que “él se jugó por los ideales que mantuvo durante su vida”.

Viktor Bernsdorff era un militar zarista que resignó a su familia cuando el Estado soviético lo persiguió por su condición anticomunista. “Primero está el honor y la patria”, dijo antes de entregarse a ellos. Lo paradójico fue que, años antes, el régimen zarista lo había condenado a muerte por su participación en las marchas por la reforma agraria, en 1915.

Ingrid no sufrió tanto la pérdida ya que tuvieron muy pocos momentos juntos pero, sí debió resistir el momento en que la obligaron a separarse de su madre, que poco tiempo después pudo escaparse y volver con ella. “Recuerdo a mi hermana Victoria que lloraba desconsolada mientras mamá saludaba desde el tren en que se la llevaban. Le dije ‘quedate tranquila que yo te voy a cuidar’”, cuenta y se quiebra.

Ingrid reconoce que ahora tiene la importante tarea de aprender a ser madre de sus tres hijos ya adultos, y de acostumbrarse a convivir sin la compañía de su madre, fallecida en 1981, y de su esposo Luis, quien partió hace 10 años; dos personas que le inculcaron valores para convertirse en una mujer fuerte y optimista.

La niña que sufrió hambre y frío está en el pasado y hoy, a los 66 años, Ingrid no se conforma con tener un techo y la posibilidad de disfrutar de una vida digna, porque lo que realmente la hace feliz es ayudar a los que menos tienen y enseñarles a convertir las situaciones difíciles en desafíos.

 

“Pretendo morir en la Argentina”

Solvejg Ingrid Bernsdorff encontró el destino final de su travesía europea para escapar del comunismo en la patria del tango y el dulce de leche, la República Argentina.

Junto a su madre y a su hermana, sentía que los trámites para naturalizarse debían ser una fiesta, pero los papeles que tuvo que firmar el 13 de marzo de 1962 en el Registro Nacional de las Personas, le parecieron insuficientes y estaba convencida de que le transmitían menos de lo que para ella significaba poder convertirse en una ciudadana más del país.

Frente a los empleados del lugar, las tres mujeres Bernsdorff entonaron el Himno Nacional y recitaron el preámbulo de la Constitución, en un espectáculo que Ingrid vivió con mucha emoción.

Pretendo morir en la Argentina, a esta tierra le debo todo”, concluye la mujer que dentro de dos años cumplirá seis décadas en Buenos Aires.

Días de alegría en un panteón

En su memoria, Solvejg Ingrid Bernsdorff recuerda que durante los días en que vivió en el panteón de un cementerio, su madre, Wilhelmine Kristine Kalnin, construyó en ella y su hermana el don de buscar elementos positivos en todo lugar y ocasión.

Ingrid sonríe al recordar los días en que su mamá le pedía que observara si en el cementerio había luz, plantas y un pájaro que cantaba: “Decía que las plantas eran vida, que el canto de las aves simbolizaba la alegría y la luz del Universo demostraba que Dios existía, entonces nada malo podía suceder”.

 Las pequeñas Ingrid y Victoria, de 4 y 2 años, aprendieron a creer que Dios estaba con ellas hasta en las peores circunstancias, por eso la mayor asegura: “Nunca encontré nada negativo de ese tiempo”.

Wilhelmine quería que sus hijas se criaran sin rencor aunque fueran víctima de los conflictos bélicos, y por eso siempre les repetía que “la paz se construye de adentro hacia fuera, no al revés, y si esta no empieza en el corazón, la guerra sigue”.

Ingrid demuestra orgullo al recordar los dichos de su madre quien constantemente le decía: “Yo venía de un clase social alta y en la guerra me sentí desnuda. En ese momento aprendí el significado de la palabra solidaridad”.

 

Texto realizado en conjunto con Milagros Villarreal 

 



Palabras claves: crónicas urbanas, mujeres

No se encontraron Blogs relacionados

Hay 2 comentario/s en este Articulo

Antonio Vargas

2011-02-18 00:16:19

dau peru

2011-04-25 17:49:40



TU COMENTARIO

IMPORTANTE: Los comentarios son moderados y no se publicarán inmediatamente, no republique si no los ve. Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente la opinión de Blogsdeteaydeportea.com. Todos los comentarios anónimos ofensivos o injuriosos serán borrados.


Nombre:
E-mail:
Comentario:
Validar:
Ultimos 10 Blogs
  • Buenos Aires Digital [Cultura+Arte]
  • Alternativos100.com
  • Plaza Vacía
  • El ruido en el hormiguero
  • Piramide sin invertir
  • Juez Cambio
  • El charco como testigo
  • Otra Ideota...
  • Pasión de otro planeta
  • SBEN Fútbol