Esta es una carta que llegó al seno de Pretoria, escrita por una persona de apellido Dios, hijo menor de un desaparecido en la época del proceso militar que dejó 30.000 almas en la oscuridad, y que hoy milita por los derechos sociales en el barrio porteño de Villa Lugano. *
Guillermo Blanco - director DeporTEA
Por Guillermo Blanco, desde Johannesburgo
Los hermanos Dios tienen una página, y que pueda ser leída en estas frías noches de Sudáfrica bajo el cielo de Pretoria por el entrenador de la selección, recuerda a otra que el mismo Diego Maradona recibiera de quien suscribe en el avión que conducía al plantel argentino con rumbo a España, el 28 de junio de 1982. Aquella vez fue un soldado de Malvinas, Oscar Miño, hoy residente en Mar del Plata, quien le envió sus saludos, como una súplica acaso, como si él pudiera hacer algo por su vida. Después de 28 años llega esta otra carta, en otras circunstancias, pero con un enorme valor testimonial…
“Lo quiero decir ahora, Diego, porque para esto no importa el resultado con México, te juro que no, hay algo que pasó en estos días que para mí ya se escribió, y se vibró y mañana la historia puede ser más feliz, más triste, con más o menos anécdotas, podemos ganar o podemos volver y lo que se diga hoy se tapará con polvo, pero yo lo quiero decir ahora, Diego, porque en 10 años voy a volver a este momento y a leer esto. Lo escribo sólo para mi, Diego, pero es por vos. Seguramente seas la persona más nombrada en el mundo, una de las más observadas, el Diego que alguna vez te tuviste que esconder de vos mismo en alguna cueva oscura con tu alma desesperada. Hace unos días dijiste que Messi tenía que jugar contra Grecia porque la gente se merece verlo jugar, porque no se le puede privar al espectador del fútbol universal la posibilidad de ver a Messi en un partido de mundial , y entonces sos popular, Diego, porque te ofrecés a una multitud, porque es zarpado lo que representás y andás en una ruta emocional regalando pasiones, locura y felicidad.
Y no hay que analizarte ni pensarte como se analiza o se piensa a la mayoría de las personas o de los hechos de esas personas. No sirven las estructuras de análisis, la lógica, o las ciencias sociales, ni siquiera el marketing, ni la buena o mala leche. Es es es un error común de los que tienen que decir algo. Es un error criticar como si fueras un funcionario o alumbrarte como si fueras un prócer revolucionario. No pasan por ahí las cosas con vos, Diego. Lo tuyo pasa por otro registro, que ni la mentalidad periodística ni ninguna otra mentalidad lo puede explicar. Yo tampoco, obvio. Por eso me basta con sentir, Diego. Con vivir. Es cierto, me gustan muchas cosas de las que hiciste últimamente, como el tatuaje del Che en el brazo, como bancar a Estela (de Carlotto, quien merce ser Premio Nobel de la Paz), irte temprano a Sudáfrica, no jugar amistosos, abrazar a los jugadores, patear tiros libres al ángulo. Sí, pero hay un ángel que dejaste correr que no puede explicarse muy bien. Leo las notas que te hacen y me conmueven. Te veo en las conferencias de prensa y se para el mundo, de reprente sos un técnico con todas las letras.
Por eso no hay que insisitr en argumentos truncados. Yo creo que siempre tuviste eso, pero lo mostrás cuando se te canta el culo. Sos un genio, te lo digo directamente, lo sabés todo en algún lugar de tu cuerpo, y cuando querés lo blanqueás y que los demás se enteren, ya lo sabés todo, quizás naciste sabiendo. Pero esa sabiduría ya mezclada, enchastrada, abrazada con actos, palabras o hechos que en cualquier persona común las designarían como inmaduras. Pero hay una línea de maduración en vos, Diego, como la puede haber en un adolescente o joven cualquiera. Las cuentas de tu vida, como la de los genios de la historia mundial, no se miden con ningún método conocido. Pore eso, sigamos hablando o escribiendo, no queda otra, pero al menos me di cuenta que no hay lenguaje para describirte ni metodología para conocerte, Diego, y vos sabés, porque te hacés el normal para disimular y después sos genio otra vez y después un nene de diez. Simplemente te quiero decir que me di cuenta. Y agradcerte por poner tu genio al servicio de la alegría popular.
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