Aunque al Loco Marcelo Bielsa se le pongan los pelos de punta, una de las máximas del fútbol reza que la “verdadera Copa del Mundo” empieza recién en los octavos de final.
Por Carlos Werd – Docente de DeporTEA
Presentados ya los 32 equipos que participan en Sudáfrica 2010, y aceptando el riesgo que supone cualquier análisis apresurado, asoma una conclusión que dista bastante de ser optimista: bueno lo de Alemania, prometedor lo de Argentina y Holanda, discreto lo de Brasil e Inglaterra, decepcionante lo de España y lo de Italia… más de lo mismo.
Alemania, con un estilo saludable, aplastó a la inexpresiva Australia con una destacadísima labor de un joven -Mesut Ozil- que hizo las veces de (el lesionado y excluido del Mundial) Michael Ballack y demostró por qué sus compañeros en la selección que dirige Joachim Low lo llaman “Messi”.
Argentina enhebró una actuación esperanzadora. Se quedó corta en el resultado, pero el equipo por fin transmitió esa sensación de gol inminente cada vez que sus delanteros -en especial Lionel Messi con su zurda imantada- metieron la quinta y se animaron a encarar a los futbolistas nigerianos.
Holanda, cuyo culto por la pelota parece independiente de épocas y nombres, también dio la talla, mientras que España no hizo honor ante la enjundiosa selección suiza a la chapa de candidato con la que, como nunca, llegó a suelo africano.
Brasil no brilló -pero es Brasil-, Inglaterra no fue ni la sombra de lo que puede ser e Italia, sin Andrea Pirlo, fue la expresión de un fútbol prolijo pero sin talento ni explosión ofensiva a la que literalmente rescató un “blooper” del paraguayo Justo Villar.
Insoportables vuvuzelas, escaso promedio de goles (25 en 16 partidos) y choques complicados de aguantar hasta el final sin que dolieran los ojos completaron el hasta el momento poco sabroso menú futbolístico sudafricano. A nivel individual lo dicho: sólo el Messi argentino y el “Messi alemán”. No mucho más que eso.


