Manu Chao, músico nómade, intenta explicar de dónde surge tanto compromiso social.
Bruno Larocca - egresado TEA
Músico nómade, trovador noble y sensible, ícono de la protestación planetaria, enemigo declarado de George Bush, Manu estuvo de gira por la Argentina. Llenó estadios, tocó en Buenos Aires, Bahía Blanca y Neuquén. Y habló de su deseo de aprender a curar con las manos, la vergüenza que le produce dar a conocer nuevas canciones, el miedo en las horas previas a un concierto, el disco que grabó con La Colifata, la industria discográfica y muchas cosas más, en exclusiva, con Mavirock.

Hace unos días, en una noche húmeda de noviembre, en el estadio del club All Boys, veinte mil personas vibraron con “La Radiolina”, saltaron con “Mala Vida”, corearon “Me gustas tú”, se emocionaron con “La Vida Tómbola”. Y en el medio de esa fiesta interminable ovacionaron la dedicatoria de “Desaparecido” a Luciano Arruga -el joven que, según testigos, fue visto por última vez en La Matanza, subiendo a un patrullero-, y aplaudieron el pedido de una mujer mapuche que reclamó por las tierras que se roba “la derecha” en la Patagonia. La escena se repitió un día más tarde, en el mismo escenario. Y también ayer, en el microestadio de Argentinos Juniors, en un concierto promocionado de “boca a boca” para festejar los 20 años de FM La Tribu. Por todas estas cosas y muchas otras, como su participación en la cumbre Anti-Bush que se realizó en 2005, en Mar del Plata, o por su apoyo a las comunidades y al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), Manu Chao es considerado un ícono de la protesta social planetaria, un trovador noble, solidario y sensible.
-Manu es un genio. Es una gran persona -dice Eduardo Codina, integrante de La Colifata, la radio del hospital psiquiátrico Borda, y presentador de algunos de sus últimos conciertos en Buenos Aires, mientras esperamos su llegada.
Y Manu, después de pedir varias veces disculpas por su demora, dice:
-Creo que sólo hay una vida, y hay que aprovecharla.
Sentado en el bar de La Tribu, en el barrio de Almagro, un ambiente lleno de globos de colores, flyers de fiestas clandestinas y mesitas y sillas antiguas que parecen haber sobrado de alguna mudanza, Manu Chao, músico nómade, intenta explicar de dónde surge tanto compromiso social. A su lado, Eduardo –barba blanca y larga, remera negra con el dibujo de un tornillo y cronómetro enorme colgando- escucha atento cada palabra que pronuncia su ídolo.
-Hay que ir para donde late el corazón. Y donde late el futuro de nuestros hijos. La preocupación de todos tendría que ser la de dejar un mundo un poco más plausible para ellos. Que seamos de La Colifata, de Radio Bemba, de tu revista, de donde sea. Es básico para dormir por la noche con buena consciencia. Me parece absolutamente natural. No es ningún esfuerzo. Aunque luego hay esfuerzo, claro. Cuando te pones a pelear por una causa hay que poner esfuerzo, trabajo y dedicación. Pero eso es lo positivo. Yo vivo de eso. Vivo de sentirme vivo.
La vida de Manu Chao –camisa negra desabrochada, gorra guerrillera, ojotas y una sonrisa dibujada-, nacido hace 48 años en París, hijo de padres españoles que emigraron a Francia durante la dictadura de Francisco Franco, es el sueño adolescente de recorrer el mundo con una guitarra acústica como único equipaje. Cruzar fronteras para tocar canciones con amigos. Ofrecer conciertos en los mejores estadios del mundo, y también en las calles de barrios marginales. Vivir sin reloj ni teléfono celular ni agenda. “La vida tómbola” –como se titula la canción que escribió para la película Maradona by Kusturica- de un inmigrante constante. Una vida que en los últimos 34 años, desde que formó su primera banda -Joint de Culasse- junto a su hermano Tonio y su primo Santi, no ha cambiado demasiado. Entonces cada vez que anuncia en su página de Internet un concierto, en algún rincón del mundo tendrá un grupo de amigos esperándolo. Como ocurre esta tarde con el staff de La Tribu o como suele pasar con los integrantes de La Colifata, que al igual que Eduardo, siempre esperan ansiosos su visita.
-Es que es lo mismo para mí. ¡Cómo los espero! –explica Manu con acento un poco español, un poco francés-. Hay una dinámica entre La Colifata y nosotros que es visceral. Hemos hecho tantas cosas lindas juntos, tantas aventuras y cosas que yo considero súper positivas.
Una de esas últimas aventuras quedó grabada en un CD doble que se pueden descargar gratuitamente desde el sitio oficial vivalacolifata.org.
Sigue Manu:
-Yo, a mi nivel, y no lo estoy diciendo porque esté Edu aquí, sino de todo corazón, lo que hemos grabado allí es una de las cosas que más orgullo me produce en la vida. Es de lo que más me emociona cuando lo vuelvo a escuchar. Y a partir de ahora ya no grabo nada. No me importa. He grabado eso.
En esas grabaciones se puede escuchar las reflexiones de los Colifatos fusionada con las melodías del músico vasco-francés. Desde que incorporó a sus giras una laptop, un estudio de grabación portátil que carga en su mochila, Manu Chao transita el mundo registrando voces y sonidos, que luego pueden terminar dándole forma a un disco. Como se escucha en su primera trilogía solista de estudio: CLANDESTINO (1998), PRÓXIMA ESTACIÓN: ESPERANZA (2001) y LA RADIOLINA (2007).
-¿Qué sentís cuando ponés la música al servicio de una sociedad que, en estos momentos, parece estar muy dividida? –le pregunta Eduardo, mientras por la ventana el sol comienza despedirse de la tarde.
Manu gira su cabeza, esboza una sonrisa, achina sus ojos y en tono cordial confiesa:
-Cuando termino de grabar y lo lanzo para que la gente lo pueda escuchar, lo primero que siento es mucha vergüenza. Siempre me parece que podría estar mejor. Y luego, claro, lo bonito es cuando llega la vuelta de la gente, que lo ha escuchado y lo ha entendido cada uno a su manera.
La lista de canciones que grabó José Manuel Thomas Arthur Chao bajo el nombre de Manu Chao y al frente de sus bandas –Joint de Culasse, Hot Pants, Los Carayos y Mano Negra- es interminable. “Sus discos son libros de viajes, pero también relatan la historia de la tristeza latinoamericana, que es como también llaman a la pobreza”, dijo el padre, el periodista Ramón Chao, hace unos años, en una entrevista, a un periódico de Perú.
Para Manu, no hay una manera de entender una canción sino miles, entonces dice que a cada uno le llega con su alma.
-Ahí está lo que llamo la cosecha. La gente vuelve con miles de emociones diferentes que te pueden sorprender o devolver en cierto modo la emoción que lanzaba en una canción. Lo bonito es cuando vuelven con los ojos brillando. Eso es extraordinario. Esa es la máxima recompensa.
Suena raro escucharlo. Pero después de los tres shows que acaba de dar en Buenos Aires, después de 34 años de músico y compositor, de solista y frontman, de giras interminables y numerosos conciertos, el hombre pequeño y saltarín que suele agitar durante horas a miles de seguidores confiesa que no sólo le produce vergüenza dar a conocer sus nuevas canciones sino que también antes de subir a un escenario se “muere de miedo”.
-Que te voy a decir…
Manu piensa, se queda unos segundos en silencio y después intenta explicar de dónde surge ese temor fantasmal que le aparece antes de un concierto.
-Naturalmente soy una persona muy tímida. Siempre lo fui. De niño, en mi juventud. Y nunca me gustó ser el centro de atención. De adolescente siempre era el observador, nunca el que todo el mundo observaba. Y… mira, por cosas de la vida me ha tocado estar en el centro del escenario, que todas las luces apunten a mí. Que me miran, que me escuchan, que se analiza lo que digo y lo que hablo.
Lo de ser músico funcionó en su vida como un proceso terapéutico para curarse de la timidez.
-Esto me ha ayudado mucho. Yo fui cantante porque como mido un metro sesenta y siete siempre que iba a los concierto no veía nada. Entonces esto de ser el cantante tiene una ventaja; desde ahí más o menos lo ves todo, estás en el palco.
A partir de entonces la desventaja que encontró Manu Chao en el palco es que cuando está ahí parado, en el escenario, todo el mundo lo mira.
-Aunque la verdad, cuando ya estás subido allí, te olvidas de todo eso. Es un disfrute extraordinario. Y no te hablo de lo más bonito aún, que es cuando termina el show. Pero la horita anterior al concierto, para mí siempre es un poco violenta. Porque va un poco en contra de mi naturaleza.
Sólo en la etapa solista, Manu vendió millones de copias para el sello británico Virgin, propiedad de EMI, motivo por el que en varias oportunidades fue cuestionado por firmar contrato con una multinacional. Y su respuesta fue siempre la misma: “Yo soy el que pone las reglas y son ellos los que firman y aceptan”. Ahora sus últimos discos fueron editados en Europa por Because Music, un sello más pequeño, mientras que en la Argentina salieron bajo El Farolito discos, propiedad de sus amigos de Los Piojos.
-¿Cómo ves a la industria de la música?
-El mundo de la música está en total revolución, está cambiando todo. Analizar cómo va a evolucionar esto es bastante complicado, pero lo que tengo bastante claro es mi idea que ese miedo de la industria discográfica a la piratería es de una hipocresía absolutamente asquerosa. La industria habla de que toda la culpa es de la piratería, y es una mentira inmensa. ¿No son ellos los propios primos o hermanos que están ganando más dinero que nunca vendiéndole a la juventud aparatitos para piratear a los músicos? Las discográficas están haciendo mucho más dinero hoy en día vendiendo Ipods, que hace una época vendiendo CD´s. ¿Quién vende las máquinas para piratear a los músicos? Es la propia industria.
-Sony es una empresa que posee una discográfica multinacional, una agencia de representación de músicos, y además fabrica grabadoras de CD´s, reproductores MP3, etc.
-Claro, la industria está en eso. Es mucho más fácil vender y tratar con máquinas, que no se quejan, que no tienen manager, que no piden contratos, que tratar con músicos que intentan defender sus intereses. Entonces la industria se ha pasado a vender máquinas.
-Tampoco se le puede echar la culpa a la tecnología…
-Es que la máquina no es responsable de nada. El ser humano es el responsable.
No creo que la responsabilidad sea de la tecnología. El problema es su aplicación. En los últimos tiempos la tecnología ha evolucionado de manera impresionante. El problema es que no han evolucionado las relaciones humanas, seguimos en lo mismo. Y ahí está el peligro. El problema es quién utiliza la máquina.
****
COMANDANTE MANU CHAO. Hace unos meses, de gira por Cuba, después de hacer dos shows en homenaje a su admirado Che Guevara -uno de ellos en Santa Clara, donde descansan los restos del médico argentino convertido en revolucionario-, Manu dijo que su gran deseo no era grabar un nuevo disco ni llenar nuevos estadios. Lo que Manu dijo es que soñaba alguna con “estudiar medicina para curar gente”. Entonces ahora que ya pasaron unos meses de aquellas declaraciones le pregunto si sigue sintiendo el mismo deseo.
-Es mi sueño. Médico, curandero, no sé como decirlo… Quiero curar con las manos. Tengo varios profesores por ahí que me enseñan cosas, y me apasiona. Hay gente que me dice: «En cierto modo tú ya eres médico con tus canciones». Pero no me basta. Quiero curar con mis manos también.
A unos metros de distancia, su manager, que esta vez ha venido desde España para acompañarlo en la gira, recibe saludos, abrazos, besos, pedidos y regalos. Piti –líder de Las Pastillas del Abuelo- le deja un CD de su banda, y antes de irse pide, ruega- que ante cualquier cosa que necesiten, lo llamen.
-Últimamente estás viniendo seguido a la Argentina, ¿cómo ves al país?
-Yo llevo una semana aquí, creo que la pregunta es al revés. Soy yo el que hago la pregunta a vosotros, que lo vivís a diario. Lo que vengo a buscar aquí es información de cómo está Argentina. No me siento para nada apto para hacerme el inteligente y decir cómo está este país. Yo vengo a que los argentinos me lo cuenten.
-Sin embargo parecés muy informado de nuestros problemas políticos y sociales, en tus recitales brindaste un espacio para distintos reclamos…
-Claro. El país está como está, y evidentemente existen aún millones de kilómetros por recorrer y hay que luchar para que las cosas lleguen a un buen estado para toda población. El camino es larguísimo. Y eso no es sólo para este país, desgraciadamente es algo mundial. Así está el patio de este planeta. Hay miles de luchas y desigualdades que son abismales. Y eso es lo que hay que tratar de recortar de cierto modo.
-¿Qué mensajes le podés dejar a la juventud? –le pregunta Eduardo.
-Creo que la juventud, no sólo la argentina sino la del mundo entero, sobre todo en la periferia, está muy machacada con la televisión y este rollo del consumismo. El futuro del planeta va por tener cuidado con el consumismo y que la gente tenga lo necesario y no estar obnubilado por lo que diga la televisión: eso de que hay que tener el último modelo de zapatos, ropa, coches y teléfono móvil. Eso es un veneno que están metiendo en la cabeza de muchos chicos del mundo. Hay que luchar para vivir dignamente, honestamente. Y para eso la palabra es perseverancia.
Perseverancia es, también, para Manu, la palabra “clave” de su libro preferido: I Ching, un texto célebre, escrito algo así como 1200 años antes de Cristo, conocido como “El libro de las mutaciones”, un oráculo al que se le puede preguntar todo.
Son las ocho de la noche de un miércoles cualquiera de diciembre y Manu Chao parece no tener respiro. En unas horas saldrá en micro hacia al sur. Lo esperan dos conciertos, dos nuevas ciudades –Bahía Blanca y Neuquén, y seguramente también un montón de amigos de la “vida tómbola”. Podría hacer el viaje en avión, pero decidió hacerlo por ruta, en ómnibus, junto a su banda. Por estas cosas y muchas otras, como lo de esta tarde, que disfrutó de tomar cerveza en la calle de un bar del Abasto con amigos y desconocidos o como pasa ahora que tímidamente se hace un costado ante el pedido de una señora que pasea a su perro por la puerta de La Tribu pidiendo permiso, Manu Chao es considerado un Aleph dentro de la música.
-Creo que la vida hay que agradecerla. Ayer disfruté del show y hoy de estar aquí con amigos. Obviamente hay momentos duros en la vida que no se pueden disfrutar. Pero es una opción muy medicinal intentar ver siempre lo positivo de las cosas.
-Hace unos años, cuando diste un concierto en la puerta de la sede de H.I.J.O.S., en la calle, me dijiste que nunca planificabas tu futuro. ¿Seguís en lo mismo?
-Yo no planifico mi futuro a largo plazo porque es muy difícil evaluar cómo estará el mundo a mediano plazo. Entonces creo que las decisiones hay que tomarlas en el momento, todo va muy rápido. Tomar una decisión para hacer algo dentro de un año me parece muy surrealista. Cómo estará el mundo a fines de 2010 es muy difícil de saber. Mis decisiones para diciembre de 2010 las tomaré en noviembre. Si no, es medio absurdo como está el mundo hoy. A nivel profesional, después de esta gira (terminó el 12 de diciembre en Fortaleza, Brasil), no tengo nada concretado. Ideas y ganas tengo miles. Pero compromiso ninguno.
-Y entre esas miles de ideas, ¿qué tenés?
-Hay para largas horas. Miles de países para volver donde ya se ha plantado la semillita de la amistad y otros miles que no conozco aún para descubrir. Grabar discos que no tuve tiempo de grabar. Seguir estudiando eso de aprender a ser curandero. Trabajar con amigos. Construir. Las oportunidades son miles.
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