En tiempos en los que todo es celeridad e inmediatez, la lógica política parece haber adquirido un vértigo inusual.
Javier Cachés - sitio egresados TEA
En tiempos en los que todo es celeridad e inmediatez, la lógica política parece haber adquirido un vértigo inusual. Al estar atravesada por el ritmo mediático, una semana en la vida política es un plazo suficiente para prodigar toda una serie de eventos trascendentales.
Como sea, a poco más de un año de las elecciones presidenciales, no hay indicios sólidos para desestimar la candidatura del ex presidente y actual diputado. Tiene un piso de votos muy alto (de alrededor del 30 por ciento), pero un techo muy bajo (la imagen negativa del ex-presidente es todavía muy fuerte, casi asimilable a la de Menem en vísperas de los comicios de 2003). Para horadar aquel techo de 40 por ciento de los votos que le permita ganar en primera ronda (sacándole 10 puntos al segundo), el oficialismo tendrá, principalmente, que afinar su vínculo con los sectores populares. Que Francisco de Narváez haya ganado las elecciones en la provincia de Buenos Aires habla más de los errores del kirchnerismo que de las virtudes del colombiano-bonaerense. En este sentido, auscultar la política social aparece como una tarea inminente.
La Asignación Universal por Hijo se inscribe en esta línea, pero sin una reactualización que reconozca a la inflación como problema real, los logros de esta medida se verán seriamente atenuados.
A su vez, será de vital importancia recuperar cierto espíritu transversal para seducir a un sector de la clase media progresista que se espanta con todo lo que resuene a pejotismo. En este marco, resulta imprescindible trazar alianzas con espacios como el de Sabbatella para ampliar la base social que le dé sustento al proyecto político. Sin embargo, el divorcio del kirchnerismo con gran parte de la clase media parece no tener retorno; las cacerolas de Callao y Santa Fe han permitido recuperar al gorilismo como una categoría política de insospechable actualidad.
El fallo de la Haya con respecto a Botnia parece haber tenido como propósito mantener cierto equilibrio en lo dictaminado. Si por un lado se asienta que el país oriental violó el Tratado del Río Uruguay, por el otro no se hallan pruebas de contaminación, por lo que la planta finlandesa seguirá funcionando. De todos modos, la derrota es de ambos países por haber llegado a esa instancia judicial.
Le queda ahora al gobierno argentino un problema no menor, en materia de política doméstica; lidiar con los asambleistas de Gualeguaychú que ya resolvieron seguir con el corte. Resuelta la dimensión jurídica, el dilema pasa a ser inherentemente político; emplear o no el uso legítimo de la fuerza coercitiva. La no represión de la protesta social ha sido uno de los grandes logros del kirchnerismo. La utilización del espacio público como método de protesta pasó a ser, tras diciembre de 2001, un recurso muy empleado, y ha sido, llamativamente, una práctica que atravesó a todos los sectores sociales. Desde los piqueteros, pasando por los ahorristas, hasta las cacerolas de Barrio Norte, las manifestaciones callejeras no han dejado de proliferar. En tiempos muy convulsionados, y con una herencia de muertes por represión policial, el oficialismo decidió con buen tino no intervenir en las protestas sociales. Hoy la situación es otra, de ahí que el corte de los asambleistas se convierta en un escollo indisimulable para el gobierno.
Siguiendo el hilo de las protestas callejeras, es preciso destacar la imponente movilización que hubo la semana pasada desde el Congreso a Tribunales para pedir que se detenga la judicialización de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La marcha, que contó con representantes de un amplísimo arco de la sociedad civil, tuvo una repercusión en los medios inversamente proporcional a la masividad de su convocatoria. Incluso si en 2011 gana un candidato que vele por sus intereses, la del Grupo Clarín será una victoria pírrica; el multimedios ya ha dilapidado un valor de muy difícil recuperación, el capital simbólico de la credibilidad a la hora de informar.
Con todo, el kirchnerismo ha sabido sobreponerse a la derrota electoral del año pasado, manteniendo con una firmeza llamativa la iniciativa política y refutando aquella teoría del “pato rengo”. El gran desafío del oficialismo en el corto plazo es seguir mostrándose como un proyecto capaz de presentar un candidato presidenciable, de modo tal que les permita a los Kirchner conservar un bloque político cohesionado. De lo contrario, y en el peronismo ésta es una regla no escrita, el espacio kirchnerista se irá desgranando de a poco, y quienes hoy son cerriles defensores de la política oficialista serán mañana sus más agudos críticos.
Palabras claves:
política, argentina, desafíos, kirchnerismo
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