Se fue Abel Alves y Boca aplastó 4-0 a Arsenal.
Juan Pablo Veli - estudiante Deportea
Después de una superioridad tan notoria, ilógico por cómo venía Boca y por la lenta pero progresiva recuperación en la que iba Arsenal, que si por algo se caracteriza es por su fortaleza defensiva. La idea instantánea que debe haberse prendido en muchas cabezas es “¡qué cama le armaron a Alves!”. Esa hipótesis es, por estas horas, el tema de moda.
La elucubración es totalmente aceptable. No es la primera vez en los últimos años en Boca retumba la palabra cama. Oportunamente Chino Benítez denuncia que los jugadores, encabezados por Palermo y Guillermo Barros Schelotto, se reunieron y arreglaron para voltearlo, en aquel ciclo que lo tuvo como entrenador en la temporada 2004/05. ¿Tan así? A la hora de explicar detalladamente cómo fue, Benítez, que había escupido en la cara en un partido de Copa Libertadores a Bofo Bautista y cuyo equipo era un desastre, cuenta: “Macri pidió una reunión con los jugadores y ahí ellos me criticaron”. Si su equipo jugaba pobremente, no obtenía resultados, su relación con varios futbolistas estaba rota y su manera de conducir al grupo era pésimo, ¿los jugadores debían tirarle rosas o exponer lo que pensaban?
Para agregarle un moño al asunto, apareció Chelo Delgado, amigo de Riquelme, para sustentar la versión de Benítez y confirmar que fueron Palermo y Guillermo quiénes lo hicieron echar al Chino. “Ellos sacaron a Benítez. Yo no iba a ser cómplice de que echen a un técnico”, disparó Delgado. Para Benítez, Palermo es “un buen tipo que se dejó influenciar por su amigo Guillermo”.
Muchas veces no hace falta que los jugadores sincronicen un plan maquiavélico para hacer volar a un DT que no bancan o con quien la relación está acabada. Sencillamente, a la hora de entrar a la cancha, no van a sentir compromiso por la idea de su estratega ni van a dejarse la vida por defenderlo en cada pelota, van a marchar sin convencimiento alguno ni la misma entrega -que igualmente deberían dar por el club-. Cada uno determinará también si La Volpe, que había prometido irse si no se quedaba con el tricampeonato, cayó o lo empujaron.
Al igual que Benítez en su momento, Alves hace rato que había perdido los papeles, entre sus cambios frenéticos y su colección de frases a la prensa que dejaban mal parados a los jugadores -no decí nada que no fuera cierto, pero lo correcto era hablarlo primero en el vestuario y después en los micrófonos-. ¿Está bien que los jugadores tengan la potestad encubierta de decidir que el ciclo de un técnico desnortado no corra más, o deben tolerar hasta el final la convicción, atinada o no, del DT de turno?
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