Si no fuera por la lluvia torrencial de la mañana y el color celeste que domina la gráfica y señalética del torneo, podríamos decir que el Sony Ericsson Open, el Masters 1000 de Miami, me recibió como el año pasado. *
Jorge Viale - egresado TEA
El efectivo policial de la Miami Dade que sobreactúa los gestos para darnos prioridad por sobre las tremendas cupés que recorren la isla, el personal de prensa que repite rostros y nombres, las fotógrafas francesas que llegan siempre temprano, sonríen simpáticas y desafían mi cada vez más decadente idioma francés…
Incluso está Art Seitz, un fotógrafo de 40 años de trayectoria, que me creerá dueño de un holding periodístico, porque cada vez que me ve, me interna 20 minutos para mostrar su trabajo con ganas de venderlo y hablarme de lo mal que está la prensa escrita, que no le compra nada. “Los diarios de Miami comparten sus fotos. Esto es ridículo”, se queja.

Sharapova con 13 años, en una foto de Seitz
Tampoco cambió el escenario del estadio central: ahí están practicando los dos últimos tenistas que pisaron la cancha en 2009, Novak Djokovic y Andy Murray. Esta vez pelotean relajados, hacen chistes, entrenan saque y devolución.
Otro deja vu: ir a ver a Gastón Gaudio en la cancha Nº 6, la misma del año pasado, cuando casi le gana en la primera de la qualy al ruso Evgeny Korolev y se mandó frases para el recuerdo.
¿Por qué siempre voy a ver a Gaudio (sin contar que sería mi trabajo)?
Además de gustarme su juego, todavía tengo la esperanza de que vuelva a un nivel digno. La velocidad de pelota la conserva, físicamente (si bien con unos kilos arriba) se mantiene con buena velocidad… El año pasado dio un par de muestras, en Túnez y en la Petrobras de Montevideo, de que la empresa no es imposible, al menos de encarar un objetivo modesto de top 50.
Desde el Grandstand, eran varios los que se daban vuelta para mirar qué pasaba en la cancha 6.
El asunto es que Gaudio mantiene los peloteos hasta cierto punto, cuando algo se quiebra. Le cuesta sostener la intensidad. Los rivales lo saben e incluso el colombiano Santiago Giraldo, jugador regular, rápido de piernas pero con velocidad media de pelota, le puede ganar 6-1 y 6-2.
El Gato no aprovecha lo que genera. Le cuesta cerrar los juegos. Se engancha con el juez. Por momentos miraba hacia el estadio de al lado -imposible no hacerlo-, en el que una rusa gemía y gritaba ante cada golpe como si estuviera… ya saben. Era muy cómico.
“Wait, please”, le dijo el juez de silla a Gaudio cuando éste quería sacar y una pelotita todavía andaba dando vueltas por la red.
“¡No puedo ‘wait’!”, le gritó Gastón en español, para cambiar al inglés: “Tengo mi ritmo para sacar”. Fue uno de los pocos momentos de ira de la tarde. El peor de ellos terminó con una silla convertida en inodoro.
Gastón caminó al descanso y no soportó la frustración. Su raqueta actuó de martillo contra la silla de plástico verde. Los pedazos saltaron hacia nuestra posición, la primera fila de las gradas de madera.
“Igualmente quiero destacar”, apuntó más tarde el español Marco Aurelio Gorriz, ex jugador y hoy coach de Giraldo, “que me sorprendió cómo intentó Gastón todo el tiempo. No lo esperaba y, claramente, no fue partido para 6-1 y 6-2″.
Gaudio se fue en silencio y un encargado del torneo se llevó la silla. Dos personas, una por vez, le pidieron que se las deje para sacarle una foto.
Artículos relacionados
- Roger Federer es el mejor maestro
- Federer ganó el Master 1000 de París
- Otra victoria de Nalbandian en Japón
- Ganó Nalbandian, perdió Mónaco
- Masters 1000: Djokovic, campeón de Miami
- Copa Davis: las fotos de la final
- US Open: Nadal, la historia, y el sabor de la primera vez
- Comenzó el tramo decisivo del US Open
- US Open 2010: la última parada grande del año
- "Hit for Haiti", tenis solidario
- Buena la actitud
- Más que un campeón
- Roland Garros: aviones, tenis y guerra





