A partir de su autobiografía, Andre Agassi es para muchos el villano, el que sólo trata de vender libros, el que hace chistes impropios de exhibiciones benéficas… Aun así, sigue siendo un referente de este deporte y empecé, como lectura de verano, a leer justamente Open.
Jorge Viale - egresado DeporTEA
No lo terminaré ahora -cuestiones de prioridades de lectura- pero llegué a una parte que me sorprendió. Calculo que no será la única.
En el primer capítulo, Agassi cuenta que siempre preparó los partidos en la ducha matinal. Que se habla y “ganó partidos” en la ducha. Que el tenis es un deporte solitario, que genera que sus protagonistas hablen con sí mismos. No sólo que hablen, sino que se respondan.
“Sólo los boxeadores pueden entender la soledad de los tenistas, e incluso los primeros tienen al técnico y manager en un rincón. Hasta el rival provee algún tipo de compañía (…)
En el tenis te enfrentas cara a cara con el enemigo, intercambias golpes con él, pero nunca lo tocas o le hablas. Las reglas prohiben al tenista hablar con su entrenador. La gente a veces menciona a los velocistas o fondistas como una figura solitaria comparable, pero me tengo que reír. Al menos, el atleta puede sentir y oler a sus oponentes. Están a milímetros.
En el tenis, estás en una isla. El tenis es lo más próximo al confinamiento, el que inevitablemente lleva al diálogo con uno mismo, y para mí ese diálogo comienza en la ducha”.
Y acá viene la parte que me sorprendió, e incluye a un argentino…
“Con el agua rugiendo en mis oídos, recuerdo triunfos específicos. No aquellos que los fans recordarían, pero partidos que todavía me hacen despertar de noche. Squillari en París. Blake en Nueva York. Pete en Australia”.
Ya en la página 291, el mismo capítulo en el que cuenta en detalle cuánto le costó conquistar a Steffi Graf, Agassi se refiere a aquel partido de Roland Garros 1999, que el Pelado ganó 3-6, 7-5, 7-5 y 6-3, y le sirvió de inicio de camino hacia su primer y único título en París.
“En nuestro hotel de París, Brad (Gilbert) está revisando el cuadro.
Le pregunto, ¿Cómo está?
No habla.
¿Brad?
No podría ser peor.
¿En serio?
Pesadilla. Tu rival en primera es Franco Squillari, zurdo, de Argentina, probablemente el rival más áspero del cuadro entre los no preclasificados. Una bestia absoluta en clay”.
El relato sigue con un par de párrafos sobre el partido ante el que Agassi llama “la rata del polvo por excelencia”. ( “quintessential dirt rat” en inglés).
Agassi la termina describiendo como una de las victorias más improbables de su carrera. Por eso quizá sigue pensando en ella. Cuando llegó al hotel ese día, le dijo a Gil Reyes, su PF.
“¿Lo viste, Gil? ¿Viste a esa dirt rat acalambrarse? ¡Lo hicimos acalambrarse, Gil!”.
Por ahora abandono la lectura del libro, a la espera de dedicarle más tiempo en el futuro.
(Gracias a Matías, del recomendable blog Hablando del Asunto, por instruirme sobre cuánto es el máximo que se puede citar)





