Los editores locales podrán desmentirme, o no, pero creo que el problema de la piratería de libros nunca alcanzó en la Argentina los niveles preocupantes que sí le ponen los pelos de punta a sus colegas de Colombia, México o Perú.
Ezequiel Martínez - profesor TEA
Lo mismo pasa con las películas y los cd's de música. Pero en el territorio de los libros, parece que es un problema según el cristal con que se mire. Podría pensarse, con toda lógica, que los escritores también sienten el azote de la piratería, porque al fin y al cabo nadie les paga su porcentaje por esas ediciones truchas, como decimos por aquí.
El escritor peruano residente en los Estados Unidos Daniel Alarcón, autor de esa excelente novela que es Radio Ciudad Perdida, escribió lo siguiente en un artículo que publicó El País el últmo fin de semana titulado La vida entre los piratas:
Los libros nuevos en Perú -me refiero a los libros nuevos editados legalmente- suelen llevar una pegatina que dice COMPRE ORIGINAL, una de las pequeñas maneras que tiene la industria editorial de reaccionar ante la amenaza de los piratas. Sin embargo, la verdad es que, en Perú, que a uno lo pirateen es el equivalente a estar en una lista de best sellers. Un escritor conocido mío acaba todas sus lecturas públicas instando a los asistentes a "comprar mi libro antes de que lo pirateen".
Cuando le pregunté por qué, confesó que, en realidad, todavía no le habían pirateado nunca, pero esperaba que pronto empezaran a hacerlo. El premiado novelista Alonso Cueto me contó una vez que el hombre que vende novelas pirateadas en su barrio le suministra, sin que él se lo pida, informes de ventas. Al principio le indignaba, pero ahora ha aprendido a tolerarlo. Menos tolerable es que ese mismo vendedor se sienta autorizado a ofrecer al escritor consejos sobre posibles temas que podrían tener más éxito comercial.
(...) La edición peruana autorizada de mi último libro de relatos se publicó a finales de julio del año pasado, con su pegatina azul de COMPRE ORIGINAL en la esquina superior derecha. Hice entrevistas y varias lecturas públicas; llegó y se fue la feria del libro, con su alboroto correspondiente; de pronto, estábamos en agosto, y todavía no me habían pirateado. Empecé a ponerme nervioso. Una preocupación que tenía mucho de vanidad, por supuesto, pero en esto de publicar la vanidad cuenta mucho, así que ¿por qué iba a ser este caso diferente? No pude evitarlo.
De algún modo, esto también es piratería. Pero de la sana y sin fines de lucro.


