Siempre recuerdo un comentario que escuché hace años, no sé si de mi vieja o de quién: "Había gauchos rubios, Juan Moreira era pelirrojo de ojos claros". No lo recuerdo porque me haya parecido una especie de "exaltación de la raza", sino porque siempre me había parecido una idea inverosímil.

Pablo Constantino - egresado TEA

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¿Cómo podía en las pampas argentinas, pobladas un poco aquí y allá por descendientes de conquistadores y enmenderos mezclados con indios, haber hombres rubios o pelirrojos de ojos claros?




Leyendo el libro "Historia de la Argentina" del revisionista Ernesto Palacio -un clásico- me encuentro con este párrafo -que yo dividí porque sino queda larguísimo- sobre la reproducción en épocas del Virrey Vértiz (fines del 1700): "En las clases bajas la población se multiplica un poco a la buena de Dios. En las castas o gente de color la unión libre es la ley, salvo en los lugares donde viven bajo la sujeción de familias tradicionales, que les imparten instrucción religiosa y les imponen matrimonios legítimos. Pero esta es la excepción y un fenómeno urbano.
 

En la campaña domina la ilegitimidad. Conspira a ello, en primer tiempo, la falta de instrucción religiosa, debido a la escasez de sacerdotes y, a menudo, a la falta e celo de esos pocos. En segundo término, las distancias. Ellas obligan al hombre sin arraigo, y aún al hijo del arraigado que debe ganarse la vida afuera porque lo propio ya no alcanza, a tareas trashumantes, poco propicias a la constitución de hogares: arreos de ganado que duran meses y meses, cuando no al servicio de los fortines en la frontera con la indiada, la escuela del gaucho.
 

El hombre suelto engendra al azar de los caminos; deja un hijo sembrado en el rancho de la etapa, al que tal vez no habrá de volver y donde acaso no lo identifiquen si vuelve. Esta fatalidad del medio generaliza en muchas regiones del país una peculiaridad social que continuaría mucho tiempo a favor de las guerras civiles y la anarquía (sic): el matriarcado, o sea la familia cuyo único elemento estable es la mujer, con su cría de hijos de padres eventuales, su economía autónoma, su estatuto consuetudinario e incluso una indiscutida respetabilidad.
 

¿Hemos de incurrir en la vulgaridad de oponer reparos morales a lo que fue una consecuencia ineludible de las circunstancias? Sólo nos cabe el juicio histórico. Diremos que esa institución fue un bien, como ocurre siempre que el genio de la especie, personificado en la mujer, desempeña la función selectiva. El matriarcado rural mejoró considerablemente la raza. Los niños del rancho salían rubios y con ojos celestes; todos eran hijos de hombres de empresa y aventura; muchos, hijos de señores".
 

Sin entrar en juicios críticos sobre lo que Palacio considera "mejorar considerablemente la raza", idea en la que yo no concuerdo en absoluto, porque no creo que los rubios por ser rubios sean mejores a los demás en nada, sí creo que es muy interesante lo que devela el historiador, que en definitiva le agrega algo de lógica o hace verosímil aquello que por lo menos para mí, hasta entonces, era un nada menos que un comentario, una idea sin pies ni cabeza.
 

(PD: De yapa me puse a googlear un poco sobre Moreira, y encontré que en el museo de Lobos tienen en exposición la calavera de este buen hombre y sus facones. Para verlo, click acá).


Palabras claves: gauchos rubios

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