("Las bandas eternas", Spinetta en Vélez, 04-12-09)
J.S. - blog ex alumnos TEA
Con la promesa de un reencuentro con las grandes bandas de Spinetta, 30.000 personas nos congregamos en el estadio de Vélez la noche del viernes. Mucha gente, y muchos tipos de gente: desde adolescentes criados bajo la tutela de “La Mega”, hasta hippies veteranos de la primera hora de Almendra, pasando por jóvenes pseudoignorantes de la obra del Flaco y emuladores de Alfredo Rosso, que se deleitaban al narrar los pormenores de cada una de las agrupaciones. Todos esos años de gente, en el mismo campo, en las mismas plateas, esperando lo mismo.
Pero el evento no se limitó a lo prometido. Lo que a priori iba a ser un repaso por su carrera, terminó siendo una especie de revisión de todo el rock nacional según Spinetta. Canciones de Tanguito, de Manal, de Miguel Abuelo, de Pappo, de Charly García, de Soda Stereo, entre muchas otras. Quizás porque el recital no alcanzaba para tocar composiciones de todos los músicos, algunos de ellos simplemente subieron al escenario para acompañar al Flaco. Cerati, Charly, Mollo, Fito Páez y Juanse, se sumaron a la decena de invitados que rotaron para acompañar a Spinetta en el repaso de su carrera.
Fue una noche larga (larguísima), que como toda obra larga tuvo sus altibajos, y lejos de lo que cabría esperarse, no empezó con todo. De hecho, los primeros minutos resultaron bastante fríos. El Flaco eligió subir al escenario sin ningún instrumento, solo con una lista de grandes ausentes que fue leída más que pacientemente.
Fue una noche larga (larguísima), que como toda obra larga tuvo sus altibajos, y lejos de lo que cabría esperarse, no empezó con todo. De hecho, los primeros minutos resultaron bastante fríos. El Flaco eligió subir al escenario sin ningún instrumento, solo con una lista de grandes ausentes que fue leída más que pacientemente.
Pero no fue sólo eso lo que generó la frialdad. Las primeras canciones del show resultaron ser las últimas de su carrera. Miles de personas entusiasmadas con oír viejos clásicos, tuvieron que conformarse con empezar oyendo algunas de las muy bellas, pero somníferas, nuevas composiciones del Flaco.
Pero cuando en el campo empezaban a multiplicarse los casos de gente sentándose, vencidos por el poder sedante de Spinetta, hizo acto de presencia el primer invitado tribunero de la noche: Fito Páez. Con él, hizo Las cosas tienen movimiento, del rosarino, y Asilo en tu corazón, de La, la, la (quizás el mejor disco de Fito, gracias a la compañía de Spinetta) que lograron despertar la libido de la gente.
A partir de ese momento la noche tuvo momentos irregulares, pero siempre en un in crescendo de intensidad. Con puntos realmente altos de emoción como cuando una versión spinettiana de Filosofía barata y zapatos de goma prologó la presencia de Charly García, con quien tocó, obviamente, Rezo por vos. O como cuando Cerati acompañó al Flaco para versionar Te para tres de Soda Stereo, y Bajan del disco Artaud.
Cuando el público ya estaba totalmente entregado, Spinetta sorprendió anunciando un descanso. Hay que admitir que era necesario, ya que para ese momento de la noche llevaba dos horas y media ininterrumpidas de show. Para el regreso se prometía lo mejor, el reencuentro de las “bandas eternas” Invisible (logrando el clímax con Durazno sangrando). Con el rock duro de Pescado Rabioso, Spinetta demostró que aún le queda sangre en las venas como para rockear canciones como Me gusta ese tajo o Post-crucifixión. Y para el final, el set hippie nostálgico de Almendra. Para ser justos habría que decir que fue la banda que peor sonó dentro de la excelencia de la noche. Pero esto se vio compensado por la emotividad del encuentro y el momento casi ritual en el que aproximándose en una ronda, el Flaco le dedicó a su madre Muchacha ojos de papel.
Spinetta volvió a aparecer, casi jugando con la paciencia de sus cansados seguidores. “¿Tienen sueño? Hubieran ido a ver a AC/DC?”, bromeó, pronunciado el nombre de la banda en una perfecta españolización. Esta vez estaba acompañado por los familiares de los chicos de la tragedia de Ecos. Con ellos y Mollo, tocó la canción que especialmente compusieron con Gieco para apoyarlos.
Por último, y para premiar la paciencia del público luego de cinco horas de recital, finalizó el show con Seguir viviendo sin tu amor y No te alejes tanto de mí (quizás doblemente dedicada a los cobardes que agotados huían de la persistencia de Spinetta, y a los valientes fieles que seguían pidiendo más y más canciones), todo esto bajo la condición de que corearan como nunca.
Y al igual que comenzó el show con un discurso, para el final optó por lo mismo. Esta vez para denunciar lo garcas o poco sutiles que fueron los editores de la Rolling Stone al censurar su intento de apoyo a los familiares de Ecos. Así, en calma, finalizó un show de cinco horas y media, donde se repasaron cuarenta años, no solo de Spinetta, sino de rock nacional.

Palabras claves:
Spinetta, Vélez, bandas eternas
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