Algunos jugadores de Hindú han utilizado los términos "guerra" y "batalla" para definir la finalísima del sábado contra el CASI. Son manifestaciones que habría que desterrar del deporte, pero en este caso hay que saber interpretarlas. Porque, en verdad, se viene un duelo picante por donde se lo mire.
Jorge Búsico - Director DeporTEA
Por la categoría de los dos equipos, por todo lo que se juegan en 80 minutos y, también, por la rivalidad que mantienen desde hace un par de décadas.
Es un choque que, además, enfrenta a los dos equipos que ganaron los últimos cuatro campeonatos de la URBA. El CASI logró el de 2005, luego de eliminar en una infartante semifinal a Hindú, mientras que los de 2006, 2007 y 2008 fueron a parar a Don Torcuato. En la de 2008, Hindú vengó lo de 2005 en la misma instancia.
Esta final, entonces, la primera que los enfrentará a ambos, resultará, si se quiere, el bueno. Un partido de pronóstico absolutamente cerrado y en el que no cuentan los antecedentes. ¿Acaso se puede tomar en cuenta el tremendo 52-19 que Hindú le asestó al CASI hace apenas dos meses y medio? Para nada. Aquella vez, el Atlético San Isidro había tocado fondo en la mini-crisis que vivió a mediados de la etapa clasificatoria y que le costó llegar con la soga al cuello en su ilusión de alcanzar otra vez las semifinales.
Si bien los jugadores son casi los mismos –en aquel partido en Don Torcuato no estuvieron Agustín Figuerola ni Federico Villagra-, este CASI finalista es otro equipo. Sobre todo, de la cabeza. Y a partir de esa fortaleza mental, se hizo inquebrantable en la defensa y en el tackle, banderas en la victoria del viernes contra Alumni.
De esa semifinal es difícil, casi imposible, realizar un serio análisis. Las condiciones climáticas no podrían haber sido peores. Viento intratable y diluvio para un partido en el que sólo se sumó con los pies y que tuvo un final dramático.
Pero lo cierto es que el viejo club de San Isidro, que irá por su título número 34, dio una excelente prueba de carácter, ítem muchas veces decisivo cuando se afrontan este tipo de instancias como las que ofrece el torneo de Buenos Aires. Si a ese corazón el CASI le agrega el lujo del año pasado, entonces se transformará en un serio aspirante a frustrarle el tetracampeonato a los de Don Torcuato.
Hindú, en cambio, es el mismo de siempre. Su rugby ofrece variantes para todos los gustos y todas las situaciones. A sus fantásticos tres-cuartos, este año ratificó algo que ya había demostrado el año pasado: el tremendo poder de su pack. El sábado, con La Plata, los ocho forwards jugaron un partido sensacional, arrasando en el scrum y en el line, y con una tercera línea endemoniada que, por si fuese poco, agregó a Lucas Ostiglia, otro diferente.
Aquello de batalla y guerra estará, precisamente, por el lado de los forwards. En la lucha por la obtención. Se prevé un partido áspero ahí, pero también con otros duelos que pueden ser determinantes: las parejas de medios (Figuerola-Landajo versus los eternos Fernández Miranda) y el centro de la cancha. En ese sector, Hindú tiene nada menos que a Santiago Fernández y a Hernán Senillosa; CASI, por su parte, ya puede contar con Norberto Tucho Méndez, quien cumplió la fecha de suspensión.
Se viene un sábado infernal. La Catedral de San Isidro espera un lleno absoluto con 14 mil personas. Se trata de un clásico de estos tiempos. Hay jerarquía. Hay pica. Para no perdérselo.
Foto:La Nación


