La ausencia de un conductor es indisimulable y Maradona sabe que de perdurar sus disputas con Riquelme, Argentina continuará jugando sin enganche.
Fabián Grillo
Derrota con Brasil 3-1 haciendo de local en Rosario, derrota ajustada 1-0 ante Paraguay en Asunción. Más desventuras, más peligro de jugar el repechaje para clasificar al Mundial y más conmoción para el hincha argentino. La ausencia de un conductor es indisimulable y Maradona sabe que de perdurar sus disputas con Riquelme, Argentina contunará jugando sin enganche.
La selección de Diego no juega bien, no despliega ese fútbol que debería desplegar en base a los nombres que tiene en el armado del equipo. La terrible gambeta de Messi en el Barcelona no se asemeja ni en un 40 % con la camiseta albiceleste. La magia de Verón en Estudiantes, donde cosechó la Copa Libertadores, no es equivalente cuando se pone los cortos y defiende la azul y blanca.
Si uno realiza una encuesta callejera, se dará cuenta de que la gente no sabe quién es el arquero titular del seleccionado. En realidad, ni el propio DT sabe quién es su caudillo debajo de los tres palos. En la defensa hay baches que parecen insalvables. Si bien ingresó Schiavi en el segundo tiempo ante los guaraníes, los buracos que permiten facilidades para los atacantes rivales no cesan.
Párrafo aparte para el ataque, el arma letal de todo equipo, la clave para definir un juego. Es allí donde nadie discute el potencial que refleja Agüero en el Atlético Madrid, aunque no con el combinado nacional. La ausencia de un nueve de área que tenga gol es cada encuentro eliminatorio más evidente. El máximo artillero de la historia xeneize, Martín Palermo, jugó unos minutos frente a Paraguay, aunque se lo notó muy marcado y tan sólo bajó una pelota que casi conecta Schiavi en el final del choque en Asunción.
Por su parte, el DT argentino creyó que cambiando la localía se acabarían ciertos males del equipo. Se fue entonces de Núñez a Rosario en busca de tres puntos que alivianaran la sed de revancha. Pero enfrente estuvo Brasil, el jogo bonito que ahora se dedica a romper fútbol cuando es necesario y a tocar cuando debe hacerlo.
Luego llegó Paraguay de visitante, un elenco con despliegue y amor propio, eso que tanto le faltó a la albiceleste. Más allá de eso, el amor propio también es algo relativo, puesto que a pesar de batallar cada pelota como si fuese la última, Mascherano y Gago no logran combatir los ataques rivales en mitad de cancha.
Así está la selección hoy por hoy. Ahora se aguarda el choque frente a Perú en octubre y el encuentro definitorio ante los uruguayos en Montevideo. La celeste de Oscar Tabárez le ganó a Colombia y debe seguir a paso firme rumbo al Mundial del próximo año.
No es un dato menor que los charrúas hayan triunfado, ya que en el partido final frente al Maradona team, la victoria deberá ser la única salida para las esperanzas uruguayas. Esta vez no será igual que las eliminatorias rumbo a Japón y Corea 2002, cuando Argentina y la celeste acordaron un empate que sirvió para los dos.
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