Final feliz para un River que dejó las mismas dudas de siempre, pero tuvo la derecha intacta de Ortega para dibujar un triunfo salvador sobre el recién ascendido Chacarita.
Baldo-Veli
River estuvo dos veces en ventaja, pasó a perderlo 3-2 y cuando todo pintaba para otro cierre de terror, con todas las lanzas apuntando a la renuncia de Gorosito y nuevos silbidos para los jugadores, apareció el talento del jujeño para lograr dar vuelta una historia complicada con una asistencia exacta y una vaselina exquisita.
La calurosa tarde en Núñez empezó con una sonrisa para el local, gracias al tiro libre que Buonanotte clavó ante la floja respuesta de Tauber. Estuvo dos veces arriba en el marcador -Cabral, de cabeza en un córner, anotó el 2-1-, pero su fragilidad defensiva, una invitación para los delanteros rivales, le permitió a Alustiza -de lo mejor del Funebrero y del cotejo en general- complicar él solo con su velocidad y ganarle a Cabral y Coronel para empatar en dos ocasiones (la segunda, de penal).
River no tuvo ideas, no existieron asociaciones, Ríos fue invisible como centrodelantero, no tuvo juego colectivo y Gallardo y Ortega no funcionaron como se esperaba, poco participativos durante gran parte del choque. Si ellos no andan, la esperanza y conducción del equipo mueren en gran parte. La movilidad de Buonanotte y las ganas de Barrado fueron lo más destacado de un equipo que consiguió sus dos primeros tantos gracias a la pelota parada. Del otro lado, los del Zielinski, jugaban peor, con el argumento de cuidar su campo y tirar pelotazos largos como acciones ofensivas. La cuestión es que cuando la defensa de enfrente da tantas facilidades como las que dio River, las bolas largas a un atacante movedizo y punzante como Alustiza, pueden ser útiles y filosas.
Chacarita mejoró el libreto en el segundo tiempo y de arranque, por un frentazo de un Parra libre de marcas, pasó a dar el golpe en el Monumental. Levantó el nivel la visita, se dio cuenta de que River estaba repleto de dudas y el eje Vismara-Pereira tomó el control de la mitad de la cancha. Fue cuestión de tiempo para que bajara de las tribunas la conjunción de cantos e insultos para los hombres de la banda.
Los cambios que propuso Gorosito fueron claves: ingresaron de Mauro Díaz y Villalva, en los lugares de Ferrari y el deslucido Gallardo. Sin el Muñeco, Ortega tomó la capitanía y la responsabilidad de poner la jerarquía como solista. Y su producción creció notablemente a partir de ese momento, siendo el dueño del equipo y empezando a tener más contacto con la bola. Filtró un pase perfecto entre la la defensa contraria -flojo lo de la zaga Echeverría-Grabinski-, para que Keko Villalva, con sus frescos 17 años, eludiera a Tauber y señalara el 3-3. Volvió a tener fe River y el Burrito se encargó de poner el 4-3, con esa vaselina preciosa desde el borde del área, por encima del cuerpo del flojo Tauber. Quedó tiempo para que Almeyda hiciera su redebut en Primera, tras su regreso del retiro, y para que viera una amarilla en los 5 minutos que jugó.
River consiguió un triunfo balsámico que era imperioso para este frágil momento que vive y desactivó lo que pudo ser una derrota humillante, como local y ante (con todo respeto) un recién ascendido de la B Nacional. Ortega certificó que, aunque sea a cuentagotas, es de los pocos distinguidos que puede tener este plantel. Y garantizó un soplo de aire fresco para que Pipo “tengo demasiadas pelotas” Gorosito pueda sobrevivir como DT del equipo en este Apertura 09 que acaba de empezar.
Y como los goles ya no son secuestrados, acá está el tanto de Ariel Arnaldo:
Click here to view the embedded video.

Sin jugar bien pero con mucha actitud, Boca Juniors logró su primera victoria del Apertura 2009 ante Lanús, como visitante, por 2 a 1. Cáceres y Palermo marcaron para el equipo de Basile, mientras que Pelletieri había puesto el empate transitorio en el marcador.
Lanús empezó siendo futbolísticamente superior a Boca, aunque el conjunto visitante equiparaba el partido con su gran actitud. El equipo Xeneize fue quien abrió el marcador: a los 16 minutos, Julio César Cáceres, tras una serie de rebotes, logró vencer la valla de Mauricio Caranta.
A los 21 minutos Salvio tuvo el empate de cabeza, aunque Abbondanzieri lo impidió con una gran respuesta. Un minuto más tarde, tras una corner, Agustín Pelletieri logró cabecear solo dentro del área y así marcar el 1-1 parcial.
Desde el gol de Lanús los dos conjuntos se prestaron la pelota, haciendo nula la intervención del mediocampo de ambos equipos. Los dos equipos intentaban marcar la diferencia en el marcador, pero también tenían miedo de sufrir un nuevo gol en contra.
En el comienzo del segundo tiempo Lanús se hizo dueño de la pelota y comenzó a generar más peligro a la línea defensiva del conjunto Xeneize. El equipo de Zubeldía aprovechó la salida forzada de Battaglia, quien fue reemplazado por Rosada (en el entretiempo también ingresó Monzón por Morel).
Salvio y Blanco formaban un tandem peligroso e incisivo. A los 8 minutos el paraguayo Salcedo tuvo una oportunidad inmejorable para poner el 2-1 para su equipo, pero la pelota se le fue por encima del travesaño.
Faltando diez minutos para el final apareció el ídolo salvador de Boca, Martín Palermo, quien de cabeza, sentenció el 2 a 1 final. A pesar de las críticas recibidas durante la semana en el entrenamiento, Palermo demostró que sigue vigente y hoy le dio una victoria importantísima a su equipo. Boca necesitaba esta victoria, sin importar los medios que llevaran a conseguirla. Lanús, el mejor equipo de la temporada pasada, se vio maniatado por un rival, que sin jugar bien, por momentos fue más que el equipo de Zubeldía.

