"Lo que hacen los blogs es explicitar esa mala leche que siempre está ahí, en algunos lectores y colegas", escribió, contundente, Edmundo Paz Soldán en un artículo que publica hoy en Babelia.
Ezequiel Martínez - Profesor TEA
Cuando aquí en la Argentina José Pablo Feimann escupió aquello de que "no hay pelotudo que no tenga un blog" (ver el video al final de esta entrada), se armó un revuelo cuya onda expansiva no cesa. ¿Será, como escribió el autor boliviano, que los blogs dicen aquello que por razones de espacio, inmediatez, egos inflados o lo que sea permanece amordazado en el papel impreso?
Lo que indigna a Paz Soldán es que escritores a los que admira pisoteen los blogs desde un pedestal arcaico, que insulta su inteligencia. Y cita específicamente a Mario Vargas Llosa y Javier Marías:
La parte en la que ambos me pierden es su incapacidad para entender los cambios tecnológicos de la época, la forma que tienen de concluir que gracias a esos cambios la literatura se empobrece. Hace algunos meses Marías atacó los blogs, a los que llamó esa "región ocultamente furibunda" debido a la cantidad de insultos y veneno que uno encuentra en la sección de comentarios. El escritor español declaró que no entendía que hubiera tantos escritores que llevaran blogs, y mucho menos el lado interactivo de los blogs: "¿Cuál es la gracia de estas tertulias escritas? ¿Ver que uno provoca reacciones? ¿Tener la comprobación inmediata de que lo que expone no cae en el vacío?".
En cuanto a Vargas Llosa, el hispanoperuano se declaró hace poco ferviente defensor del papel, que "infunde un respeto casi religioso al escritor", y dijo, contundente: "Si la literatura se hace sólo para las pantallas se empobrecerá, porque la pantalla hace que pierda profundidad y riesgo". Vargas Llosa terminó creando una falsa dicotomía entre el libro y la máquina: "La gran amenaza son las máquinas que puedan acabar con el libro. No sabemos qué va a pasar con ese desafío para la literatura que es la pantalla".
Muchachos, me extraña... siempre hubo y habrá buenos y malos libros, y eso no empobreció la literatura ni enmudeció las tertulias. A todo lo descartable, más tarde o más temprano, le llega el olvido. Pero no pongamos mordazas, por favor.
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