Cada vez que se cruzan Nueva Zelanda y Sudáfrica en una cancha de rugby en el ambiente siempre hay algo especial porque es uno de los grandes clásicos. Son dos de las nacionales más tradiciones en el deporte de la ovalada y sus duelos siempre tienen un condimento especial gracias a una larga rivalidad que data de 1921 cuando se enfrentaron oficialmente por primera vez.

Luciano Emanuel Giliberti - egresado Deportea

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Pero de todos los enfrentamientos, los ocurridos en 1981 son los más recordados. No precisamente por los resultados, sino porque significó un impacto muy profundo en la sociedad neozelandesa.

 

Debido a la política de Apartheid existente en Sudáfrica, que dejaba a los negros casi sin derechos, la New Zealand Rugby Football Union (NZRFU) decidió no enviar allí equipos conformados por jugadores de raza maorí. Por supuesto que esto generó infinidad de críticas que desembocaron en el movimiento No Maories-No Tour, que persiguió el objetivo de cancelar el tour de 1960, cosa que no se consiguió pese a que se recolectaron más de 150.000 firmas.

toursudafrica1981(2)En 1967 se organizó una nueva gira a Sudáfrica, pero esta fue pospuesta por el Primer Ministro Keith Holyoake. Al año siguiente, las Naciones Unidas instaron a sus integrantes a desalentaran todo tipo encuentro deportivo con Sudáfrica. A pesar de esto, la NZRFU envió por primera vez un plantel multirracial. Los jugadores de origen maorí pudieron ingresar al país bajo el patético calificativo de Blancos Honorarios.

 

Una de las visitas más polémicas de los All Blacks fue la de 1976, que se produjo poco tiempo después de los violentos disturbios en Soweto que involucraron a la policía y a jóvenes que exigían la abolición del Apartheid. Esta serie de partidos trajo como consecuencia directa que varias naciones del África negra decidieran boicotear los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 como protesta.

 

En 1977 los líderes del Commonwealth firmaron el tratado de Gleneagles en el que, entre otras cosas, se comprometían a no aprobar contactos deportivos con Sudáfrica. Cuando en 1980 este pacto tuvo su prueba de fuego, fracaso rotundamente. El responsable fue el Primer Ministro Robert Muldoon al declarar que desde el Estado no se iba a interferir en el deporte. Esto fue tomado como una luz verde por la NZRFU que envió una invitación a los sudafricanos para llevar a cabo un tour la temporada siguiente. De alguna manera, esa fue la gota que rebalso el vaso.

 

Más que nunca en Nueva Zelanda quedaron conformados dos bandos bien claros. Aquellos que se oponían y tenían a John Minto como cabeza visible, líder de una de las 3 principales organizaciones anti tour, y los que apoyaban la medida gubernamental con Cez Blazey y Ron Das, presidentes de la NZRFU y de la Auckland Rugby Union, respectivamente, como caras más importantes. Estos con bastante inocencia sostenían que el deporte no debía mezclarse con la política y que el rugby podía servir como vía para cambiar la situación en Sudáfrica.

 

Varios ex jugadores de los All Blacks se enrolaron detrás de las voces que aprobaban la gira. Entre ellos figuraba Ben Couch, que además era miembro del gobierno como Ministro de Policía y Ministro de Asuntos Maoríes. Couch, que vistió la camiseta negra entre 1947 y 1949, en una entrevista había declarado que veía bien al Apartheid por las condiciones que había observado cuando fue a Sudáfrica en 1970 y 1973. Esto no hizo más que echar más leña al fuego a un contexto cada vez más tenso. Por supuesto que llovieron infinidad de críticas y pedidos de renuncia. Muldoon dijo desde Roma que el funcionario había sido un “perfecto estúpido”.

 

Couch, que era diabético, se defendió afirmando que estaba consumiendo un nuevo tipo de insulina y esto fue la causa de su pobre desempeño en la nota. Días más tarde terminó de embarrar el ya complicado panorama cuando en Otago expresó sobre la segregación en Sudáfrica que “es la mejor cosa en estás circunstancias”.

 

A todo esto había que sumarle que a fin de año iba a ver elecciones. Aprobando la gira, Muldoon podía ganarse al lectorado de las zonas rurales, con mucho peso en las urnas y que mayoritariamente veían con buenos ojos el tour.

 

Después de infinidad de discusiones que abrieron fuertes debates, que derivaron en la situación de los maoríes en Nueva Zelanda, los Springboks por fin pudieron debutar. Lo hicieron en Gisbone ante el combinado provincial de Poverty Bay. El 24-6 para los visitantes quedó como una anécdota porque por primera vez que se vieron frente a frente los dos grupos. En las calles se dieron encontronazos entre los manifestantes y la policía, lo que fue una imagen común durante los 56 días del tour.

 

La segunda aparición de Sudáfrica debía ser ante Waikato en Hamilton, pero esta se canceló. Más de un centenar de personas tomaron por asalto la cancha al grito de “el mundo entero esta mirando”. Esta no fue la única postergación, sino que semanas más tarde el duelo ante South Canterbury corrió la misma suerte. “Es como si el Sol estuviera saliendo”, dijo desde la cárcel Nelson Mandela cuando se enteró de lo sucedía en Oceanía.

 

Cada presentación del conjunto de casaca verde era seguida por una estela de violencia. Uno de los puntos más altos fue la llamada Batalla de Molesworth Street en las puertas del Parlamento en Wellington. Ese 29 de julio, día en el que se casaron el Príncipe Carlos y Lady Diana, hubo una marcha anti tour y una contra marcha pro tour. La policía, que necesitó de voluntarios extras porque estaba superada, reprimió como nunca antes se había visto en la historia de Nueva Zelanda.

 

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La situación era cada vez más caótica y la habitual tranquilidad que rodea a los neozelandeses ya era cosa del pasado. A pesar de esta situación, en ningún momento se pensó en la suspensión total de la gira, que, a excepción de los partidos mencionados anteriormente, se disputó tal como estaba programada. En medio de un clima casi bélico, Muldoon amenazó con llamar a las Fuerzas Armadas para intentar reencausar una situación que se había desmadrado por completo.

 

Christchurch, una de las plazas más tradicionales para el rugby, fue testigo del primer test match entre All Blacks y Springboks. En las inmediaciones al estadio hubo disturbios, que se repitieron a lo largo de todo el país. Sólo por suerte no se registraron muertos. La revancha fue en Wellington, que se vio colapsada. Se calcula que alrededor 7000 personas cortaron los accesos a la ciudad y al estadio. La policía, que una vez culminados los hechos fue duramente criticada por su accionar, tuvo que armar escudos humanos para permitir el paso de aquellos que querían ver el encuentro.

 

Este tour que no tuvo nada de mágico y misterioso pero si mucho de violento y tensionante, culminó en Auckland con victoria para los visitantes por 22-25 sobre los dueños de casa. Casi en un acto de despedida, desde un avión se lanzaron al terreno de juego bombas de humo en forma de protesta. Afuera la represión continuaba.

En noviembre Muldoon, que apoyo la invasión británica a las Islas Malvinas, ganó las elecciones y fue reelecto como Primer Ministro, aunque el Partido Nacional perdió algunas bancas en el Parlamento.

 

Se intentó organizar una nueva gira para 1985, que fue cancelada en la Justicia. Desde ese momento se cortarían los lazos entre ambos uniones y recién se restablecieron con la caída del Apartheid. En 1986 un grupo de jugadores camuflados bajo el nombre New Zealand Cavaliers, algo que solían hacer varias selecciones, entre ellas Argentina como Sudamérica XV, para eludir el veto que había sobre Sudáfrica, disputaron algunos partidos. Cuando volvieron fueron suspendidos por la NZRFU. A raíz de estos hechos, quedó la imagen una imagen negativa  de los All Blacks en el plano internacional y se llegó a considerar que por única vez en la historia el rugby de Nueva Zelanda fue una vergüenza y no un motivo de orgullo. Con la conquista del Mundial en 1987 esta concepción cambió.

 

Para muchos historiadores hubo un antes y un después con el tour de 1981 porque Nueva Zelanda entró en la adultez como nación. La situación en que vivían los pueblos originarios y la discriminación que estos sufrían jamás había sido tratada con seriedad. A partir de ese momento, la sociedad neozelandesa sufriría un cambio radical.

 

Foto 1: La policía custodiando uno de los partidos de los Springboks en la gira de 1981 (NZ History)

Foto 2: El avión que lanzó las bombas de humo a la cancha durante el último test match (pukeariki.com)

 

Fuentes/Links relacionados

The 1981 Springbok rugby tour (Ministerio de Cultura de N. Zelanda)

1981 South Africa rugby union tour of New Zealand (Wikipedia)

Dark days of thunder – when a free nation confronted apartheid in sport (Wairarapa Times-Age)



Palabras claves: Nueva Zelanda, Sudáfrica, rugby

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