Realineamientos estratégicos y convocatorias de diálogos marcaron la agenda pública de las últimas semanas.
Facundo Cruz
Los tiempos políticos presentes obligan a la mayoría de los dirigentes a mantener una gran cantidad de temas en carpeta. El fuerte cimbronazo que provocaron las elecciones legislativas de junio pasado sigue dejando mucha tela que cortar.
El nuevo escenario arrojado por los resultados electorales obliga a dirigentes y partidos políticos a orientar sus comportamientos siguiendo la dirección que los mismos marquen. Pero ello no es novedad: el voto da vida a la política.
Y se la puede quitar a quiénes gobiernan si el resultado no es satisfactorio. Esta parece ser la actual situación del oficialismo kirchnerista, en el poder por los últimos 6 años. No sería acertado considerar que únicamente Néstor y Cristina Fernández de Kirchner conforman ese espacio por sí solos. Es más conveniente apelar al concepto de “coalición gobernante” tan bien aplicado al funcionamiento interno de los partidos políticos, pero trasladado a la administración del Estado y el ejercicio del poder.
Quiénes conforman –o conformaban- ese espacio que llevó al kirchnerismo al poder post-crisis 2001 y que se vio ensanchado en los años inmediatos han comenzado a mover sus piezas. Segunda regla de la política: sálvese quién pueda.
El primero que implementó una nueva estrategia fue el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. Visto por muchos –kirchneristas o no- como el más potable de los presidenciables dentro del oficialismo, le cayó del cielo la presidencia del Partido Justicialista y no tardó en comenzar a reforzar dañadas alianzas con gobernadores, intendentes y legisladores.
Incluso se animó a trascender las fronteras de lo permitido por el ex presidente Kirchner. No solo convocando a las entidades rurales provinciales para recibir sus reclamos, inquietudes y pedidos para modificar la política agropecuaria nacional, sino también a dirigentes de Unión-PRO para tratar temas como inseguridad, retenciones y déficit provincial. Situación reforzada por la intencional salida de la escena pública de parte de Néstor Kirchner.
El objetivo de fondo es levantar su perfil dialoguista, posicionarse como “el” candidato de consenso dentro del justicialismo y frenar la escalada de otros posibles presidenciables dentro del partido para el 2011. Los tiempos apremian: Mauricio Macri y Carlos Reutemann no han perdido el tiempo tampoco.
Orientación similar parecen tener algunos diputados nacionales que decidieron abandonar el bloque kirchnerista. Son 4 en total, y entre ellos se destacan Luis Barrionuevo y Cristina Cremer de Busti. El primero fuertemente enfrentado con Hugo Moyano dentro del sindicalismo, materializado el año pasado con la ruptura de la CGT. La segunda, al igual que los dos restantes, responden al ex gobernador entrerriano Jorge Busti.
Esta última ruptura puede fácilmente leerse como un paso más en la estrategia de éste último de conformar un frente al interior del peronismo que lance a Reutemann como su propio candidato presidencial. Han habido numerosos contactos con gobernadores justicialistas, como por ejemplo Juan Schiaretti –Córdoba-. El choque de frente será inevitablemente con Scioli en pos de un objetivo común, pero indivisible.
Quiénes aún tienen esperanzas de permanecer en el barco a pesar del naufragio son ciertos sectores sociales organizados. Por un lado, los movimientos liderados por Emilio Pérsico y Luis D’Elia. El domingo pasado ambos hicieron claras demostraciones de poder y convocatoria, reuniendo miles de personas en diferentes estadios y apelando a la ya clásica oratoria popular y nacional.
Ambos también quisieron demostrar su apoyo a Néstor Kirchner, en virtud de la estrategia transversal que éste supo una vez delinear al apoyarse en los nacientes movimientos sociales.
El tradicional sindicalismo peronista conducido desde los últimos años por Hugo Moyano es la otra pata de una mesa que tambalea. Ello se refleja en las cuotas de poder que ha sabido conquistar el dirigente sindical durante los últimos meses, con cierta complacencia del Gobierno Nacional.
Sin embargo, a diferencia de D’Elia y Pérsico, Moyano tiene una mayor propensión a apuntar para el lado que sople el viento. El sindicalismo peronista se comporta así: si mañana otro es el conductor, nueva será la alianza.
Las últimas semanas han arrojado ciertos sucesos que aparentan ir definiendo el juego. Sin embargo, si bien los tiempos políticos actuales obligan a estar en todo, también son tiempos lentos. El Congreso Nacional apenas ha sesionado en lo que va del año y el receso decretado por la Gripe A ha retrazado muchas disputas legislativas que pueden generar batallas de las que hablar por meses. Incluso, aún resta que asuman en diciembre los legisladores electos el mes pasado.
La última palabra la puede tener todavía Néstor Kirchner, político con experiencia si los hay en cuanto al manejo de tiempos. Tercer regla de la política: la imprevisibilidad puede tomarte por sorpresa un lunes.
Palabras claves:
Cristina Fernández de Kirchner, 2011
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